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Honor mancillado

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Baltermants, dmitri. Moscú Rusia, 1912-1990.Kerch,Crimea , 1942.

Encasillados, adoctrinados, muertos por aburrimiento. El sistema los había persuadido para ser felices. Estudia, trabaja y muere, ahora, lo de vivir déjalo para la próxima vez- les dijo con franqueza. Mancillados por tal fiasco se tumbaron en el suelo y no se levantaron nunca más.

Por Manu Navarro.

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Opinión

Dos extraterrestres

Sospechas confirmadas: el escritor peruano Mario Vargas Llosa es, además de uno de los más grandes y elocuentes escritores, un hombre alejado del pueblo y cercano a las élites del poder. Al menos así se deduce (o pude deducir) de la charla informal que dio en la ULPGC el pasado jueves 17 de mayo y a la que tuve la oportunidad de asistir. Sin ánimo de querer quitarle ni un ápice de mérito, pues es indiscutible que estamos ante un novelista y ensayista (aunque prefiero quedarme con lo de novelista) de renombre, sí debemos cuestionar, por una parte, lo apolítico de su Nobel, aspecto meticulosamente analizado por Jorge Vital de Brito Moreira para rebelion.org, y por otra, su condición de escritor comprometido con la sociedad.

Como es habitual en este tipo de charlas, las preguntas al autor fueron escasas y las respuestas extensas y llenas de retórica. Sin embargo, a pesar de lo pobre de las preguntas (que excepto una o dos fueron, en general, bastante poco ocurrentes), se pudo comprobar, a través de sus discursos cargados de contenido, que Vargas Llosa posee un amplísimo conocimiento del ámbito de la literatura, la filosofía o la historia. De hecho, acto seguido a la finalización de la jornada, me dispuse a apuntar todas las ideas que allí se habían expuesto antes de que éstas desaparecieran de mi mente.

En lo que fue la primera parte de la charla, la parte más didáctica en la que se habló sobre todo de la vida del escritor, no faltaron alusiones a Gustave Flaubert, a Arthur Rimbaud, al valenciano Tirant lo Blanch, a Jean-Paul Sartre, y a otros autores que han influído en el pensamiento de Vargas Llosa. La segunda parte del acto considero que comenzó cuando desde la calle varios jóvenes gritaron “¡No nos suban las tasas!” (en referencia a la decisión del Gobierno de Canarias de unirse a la subida de las tasas universitarias), queja que fue ignorada por casi todos, e incluso tomada como una falta de respeto por algunos. Poco después uno de los estudiantes grancanarios allí presentes formulaba una de las preguntas más atrevidas en referencia, precisamente, a esto, a la opinión del escritor sobre movimientos como el 15-M (opinión que ya el día anterior había transmitido a los medios de comunicación), el aumento del ratio de alumnos por clase o la subida de las tasas.

Fue tras esta pregunta cuando pareció como si un foco alumbraran directamente a la cara de Don Mario y del rector de la ULPGC, que se encontraba sentado a su lado. Ambos decidieron entonces rociarse con ese perfume que a todos nos recuerda al olor de los políticos y que tanto los aleja de quienes les escuchan. El novelista peruano ratificó una vez más, esta vez ante los estudiantes, que defendía los recortes en materia educativa, lo que resulta contradictorio con su apoyo incondicional a la inversión en educación y en cultura, de la misma forma que resulta contradictorio que profetice que las ideologías son, en palabras del autor, “la ficción en su expresión más extrema: una ficción maligna“, cuando el mismo militó en 1953 en el Partido Comunista Peruano, un partido con unas ideas bien diferenciadas de las que hoy Vargas Llosa defiende.

Pareció como si este foco del que hablo hubiese alumbrado con tanta intensidad a estos dos personajes que les hubiera cegado e impedido ver que estaban ante jóvenes estudiantes grancanarios, mentes críticas y hartas de la falsedad de sus gobernantes. Pareció como si Mario Vargas Llosa, junto al rector de la ULPGC, hablara en nombre de quienes manchan y hacen que se pierda la confianza en lo que hoy constituye el más grave problema para el progreso: la política. Pareció como si, de repente, dos extraterrestres no comprendieran donde ni ante quien estaban.

Al salir de la charla pude testificar que mi visión sobre el escritor no era equívoca. Caminando por las calles traseras al Parque Santa Catalina, me encontré con que la gente, sobre todo ancianos y no tan ancianos ociosos (era horario lectivo), veía en las televisiones de los bares de esta zona de Las Palmas como el escritor compadecía regodeándose de haber mantenido un encuentro con los universitarios y bachilleres grancanarios, cuando claramente es un personaje más que alejado de la realidad cotidiana de la gente de los pueblos y las ciudades. Además, se subrayaba en los medios una de las críticas que Vargas Llosa había hecho minutos antes junto a los jóvenes, lamentando que “la influencia de los intelectuales en la vida pública, si no ha desaparecido, es mínima“, logrando así proclamarse como un intelectual cercano al pueblo.

Quienes pudimos asistir a un hecho tan simbólico como fue que, mientras Vargas Llosa anteponía sus intereses personales defendiendo los recortes en educación, casi todos los estudiantes que le escuchaban negaran con la cabeza a la vez que se sentían defraudados por el escritor, sabemos que la realidad no es tal y como nos la presentan los medios de comunicación y que tras los discursos tan estéticamente cuidados del novelista peruano se esconde un guiño a quienes, concediéndole premios como el Nobel de Literatura, le acogen, le amparan y le patrocinan.

Por Rubén Gutiérrez

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