Opinión

Galicia ha votado pasado

Las elecciones gallegas al Parlamento se producen en un contexto de fuerte agitación social. Se llevaron a cabo durante la misma semana, de hecho, numerosas movilizaciones, la mayoría de ellas estudiantiles. Por ello, estas elecciones anticipadas han funcionado principalmente como mirador de la política nacional, o al menos así se ha dado ha entender en los medios de comunicación españoles convencionales.

En primer lugar, se pasaba a examen al gobierno central por las medidas de austeridad que ha venido aplicando en este año, interpretándose el voto al Partido Popular como el respaldo ciudadano a sus políticas. En caso de no haber recibido tal cantidad de votos, se habría interpretado como una muestra del rechazo social de las políticas de recortes y, en consecuencia, del desgaste que ha supuesto para el Partido Popular haber aplicado estas reformas. Así pues, la ampliación de la mayoría del PP en Galicia da a entender que está en plena forma y preparado para elaborar unos presupuestos para 2013 que, según se prevé, estarán marcados por la ya notable carga de los intereses de la deuda, la fuerte disminución del gasto social y la renuncia, una vez más, a realizar un ajuste fiscal progresivo y equitativo. En todo caso, podría decirse que no ha sido el Partido Popular el verdadero ganador de estas elecciones, sino que realmente ha sido la abstención, que junto a los votos en blanco y los votos nulos suma 900.000 votos, 250.000 más que el partido de Feijóo.

En segundo lugar, la pérdida de votos del Partido Socialista vendría a confirmar la caída en picado que sufre desde las elecciones generales del pasado 20 de Noviembre y el traslado del voto del PSOE a partidos alternativos como Alternativa Galega de Esquerda que, de la nada, pasa a obtener 9 escaños, por encima del BNG. A esto hay que sumar, además, la pérdida de identidad del PSOE que se refleja en la petición de una de las exministras socialista para que Rubalcaba dimitiera.

Finalmente, el ascenso de Alternativa Galega de Esquerda supondría, por una parte, la canalización del voto de un electorado descontento con la falsedad del Partido Popular y la falta de alternativa del Partido Socialista, y por otra parte, la prueba de que la izquierda europea está logrando reorganizarse. Es muy importante, por tanto, la irrupción de la izquierda anticapitalista en el Parlamento, sobre todo si tenemos en cuenta que a AGE se le denomina también la “Syriza gallega”, y cuenta con el respaldo de la propia Syriza griega y del Front de Gauche francés.

Pero la victoria del Partido Popular en una Galicia históricamente conservadora, no ocurre por casualidad: los sondeos ya otorgaban esa mayoría absoluta al PP. Es preciso tener en cuenta que la población gallega es una población muy envejecida, lo que explica el hecho de que “los populares” facilitaran guaguas a ancianos y a miembros de la iglesia de Ourense para que fuesen a votar(les). Como en todas las elecciones, también ha sido decisivo el papel que los sondeos han jugado en la constitución final del Parlamento, pues las constantemente repetidas especulaciones sobre la victoria del PP han terminado, por sí solas, por dar la victoria al PP. Y dicho esto no está de más subrayar que los medios que más escaños daban al Partido Popular en esos sondeos eran, o los más conservadores (ABC o La Razón), o los medios en los que la Xunta inyectó durante 2010 más de 15 millones de euros (entre los que se encuentra, por ejemplo,  La Voz de Galicia). A esto hay que sumar, entre otras cuestiones, que el partido de Feijóo se ha saltado en al menos ocho ocasiones la Ley Electoral por un uso partidista del Gobierno en plena campaña electoral.

Esto es lo que explica que un partido representante de la estafa electoral y los recortes en gasto social, el mismo partido que adjudicó a dedo 1,4 millones de euros en contratos a la empresa de la que la hermana de Feijóo es apoderada, y el mismo partido que permitió brutales cargas policiales en uno de los mítines en el que afectados por las preferentes protestaron, se mantenga una legislatura más (hasta 2016) en el gobierno.

En definitiva, se abre una etapa en la historia de Galicia que vendrá marcada probablemente por la colaboración mano a mano con el Gobierno central, lo que con toda seguridad supondrá la aceptación de las imposiciones de más medidas de austeridad. Feijóo, aspirante junto a Alberto Ruíz Gallardón a posible sucesor de Rajoy al frente del PP, tendrá que “seguir haciendo los deberes”, como presume de haber hecho ya, y a la vez mantener tranquila la calle para que no le ocurra como al presidente del Gobierno, que ha visto compensada su forma de hacer política con una respuesta contundente de movilizaciones sociales.

El título de este artículo está tomado de este otro artículo de Salomé García.

Por Rubén Gutiérrez

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