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12 razones por las que estas Navidades no regalaré nada

1. Porque este año 2012 mi país ha batido el récord de gente desahuciada de su casa, porque impide cada vez a más gente estudiar por no poder pagarse una carrera, o tener salud por no poder pagarse un medicamento, y aun así, los que todavía podemos permitirnos una vida digna, algo que cada día se parece más a un privilegio, seguimos ensimismados leyendo catálogos de nuevos productos para decidir si la nueva tablet o el nuevo smartphone… Y mientras tanto resuena aquello de “primero vinieron por los comunistas, pero como yo no era comunista, no dije nada; luego vinieron por los judíos, pero como yo no era judío, no dije nada; luego vinieron por los sindicalistas, pero como yo no era sindicalista, no dije nada; luego vinieron por los católicos, pero como yo era protestante, no dije nada; ahora vienen a por mí, pero ya es demasiado tarde.”

2. Porque si hay algo que no soporto es el cinismo en el que nos obliga a caer un sistema que extrapola sus contradicciones a la conciencia de los individuos sobre los que se apoya para poder funcionar. Prefiero hacer un gesto de franqueza, honradez y coherencia entre mis ideas y mis actos, como hace poco hizo de forma ejemplar un joven chaval cuando rechazó un Ipod que le ofrecían tras haber ganado un concurso, precisamente, sobre el cambio climático. No se puede ser cristiano y a la vez pederasta. Tampoco ecologista y en el tiempo libre ir a los grandes templos del consumo, a los centros comerciales.

3. Porque quiero mucho muchísimo a mi madre y a mi padre, a mis tías y tíos, a mis abuelas y abuelos, amigas y amigos, a mi novia… pero siento que mi afecto hacia ellos no se puede medir en función de los precios de los regalos que les haga. Y porque una cosa es quererles, y otra muy diferente andar de centro comercial en centro comercial fundiéndome la tarjeta de crédito. Cada día les he dado algo de mí, ya sea mi tiempo, mi amor,… al menos lo que he podido. Y no creo que tenga que compensarles económicamente por lo que no les haya dado, pese a la elegancia social que el regalo ha adquirido. Y porque me pongo de muy muy mal humor al ver los armarios de mis primos pequeños llenos de juguetes que no usan. Me recuerda constantemente lo bien que este sistema hace su trabajo…

4. Porque Rajoy está deseando que hagamos nuestras compritas, a ver si damos algo de oxígeno a una economía que todavía se atraganta con los ladrillos. Y no me da la gana alimentar un sistema que condena a tres cuartas partes de la humanidad a la miseria. Las Navidades son funcionales para la perpetuación del sistema. Un sistema que está destruyendo el planeta Tierra entero, haciéndolo irrecuperable. El desarrollo sostenible era una patraña, un oxímoron. Si las Navidades no sirvieran para que los comercios vendieran desenfrenadamente, quizás ni existirían, al menos tal y como las conocemos.

5. Porque, mientras Alfon va a pasar las Navidades en prisión sin haber cometido ningún delito, solo por organizarse y movilizarse contra un sistema asesino además de obsoleto, Ángel Carromero, militante del PP, las pasará en libertad pese a haber sido el responsable de la muerte de dos personas al conducir de manera temeraria. ¿Y dónde dijeron que estaba la democracia…?

6. Porque, como no soy cristiano, estas fechas no significan nada para mí, mas que una excusa para tomarme un descanso junto a los míos. Y porque creo que el siglo XXI debe estar marcado por la construcción de una nueva ética, de nuevos valores sociales, sin recurrir a explicaciones míticas o sagradas, como hasta ahora veníamos haciendo. Porque “Dios ha muerto”. Y porque este año no “me he portado bien…”. No al menos como al Vaticano le hubiera gustado.

7. Porque el tiempo que se pasa con estrés y agobios haciendo las compras, quizás sería mejor pasarlo, bien con la gente a la que se le va a hacer el regalo, bien en cualquier otra cosa. Incluso haciendo con mis propias manos algún regalo, para que sea algo más que retirar un producto de una estantería de un comercio, pagarlo y entregarlo.

8. Porque el mensaje del rey es insultante. Porque habla de solidaridad, desde su mansión, cuando más de 23.000 españoles viven en las calles sin tener que echarse a la boca. Porque elogia una Transición que, por muy modélica que nos la vendan, es una de las causas principales de la situación de desesperación que vivimos. Y porque de la única confianza de la que habla es de la que tenemos que transmitir al capital extranjero (a Adelson y a otros amiguitos suyos de caza y negocios) para que inviertan en la patria.

9. Porque si la misma cantidad de gente que se moviliza con tanta euforia por las Navidades o por el fútbol se movilizara con la misma euforia cuando se va a privatizar un hospital o a desahuciar a una familia, hoy estaría escribiendo sobre cualquier otra cosa.

10. Porque estas Navidades se sortean puestos de trabajo por compras superiores a 8 euros y el “afortunado” ganador se llevará un contrato como administrativo a media jornada por seis meses, con un sueldo de apenas 500 euros. Ya está bien, ¿no? Que se están riendo de nosotros en nuestra puta cara.

11. Porque el mes pasado envié a mis padres un paquetito de Ferrero Rocher, que sé que les gustan mucho, y no porque la presión de toda una masa lléndose de compras me arrastrara hasta la puerta del Corte Inglés. Fue porque me dio la gana regalárselos.

12. Porque creo que otro mundo es posible. Porque creo que ese mundo está cada día más cerca. Porque hacer lo que todos hacen, no siempre es hacer lo correcto. Porque aunque salirse de este molino satánico (como lo denominaba Karl Polanyi) es dificil, a veces es posible. Porque estoy profundamente convencido de que es lo mejor que puedo hacer. Por el planeta. Por los desahuciados. Por los suicidados. Por Alfon. Por el chaval que rechazó el Ipod. Por los míos. Por mí. Por todos.

Por Rubén Gutiérrez.

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Opinión

De los Principios de J. S. Mill a la bala de Calle 13

Decenas de muertos en un bombardeo contra una panadería en Siria; diez niñas mueren al explotar una mina en Afganistán; Francia estudia una intervención militar en Malí; la Asociación estadounidense del Rifle pide, tras la masacre de la escuela infantil de Connecticut, combatir las armas con más armas

Éstos no son solamente algunos de los titulares de El País de esta semana. Es también la realidad.

Decía Calle 13 que cuando se lee poco, se dispara mucho. Quienes disparan, entonces, lo hacen porque no leen o leen poco. En ese caso, quienes sí leen… ¿dónde están? ¿y por qué permiten, tanto la violencia física de los disparos, como otras formas de violencia apenas perceptibles, pero que existen, como es la violencia estructural del mercado del sistema capitalista, que constantemente nos acosa y que también termina con tantas vidas? Es cierto. Cuando se lee poco, se dispara mucho. Sugiero entonces que leamos.

De las muchas lecturas que ahora mismo se me vienen a la cabeza a raíz de esto, una de las que quizás pueda ser más interesantes, es la de John Stuart Mill. Probablemente todos debiéramos leerlo, sí. La filosofía social es, esencialmente eso, social.

Mill nos dice que “cualquiera que sea la teoría que adoptemos sobre el fundamento de la unión social, y sean cualesquiera las instituciones bajo las cuales vivamos, hay alrededor de cada ser humano considerado individualmente un círculo en el que no debe permitirse que penetre ningún gobierno, sea de una persona, de unas cuantas o de muchas “. Mill afirma que cada individuo debe tener un “territorio reservado”, un “espacio que debe ser sagrado para toda intrusión autoritaria”. Dice, en definitiva, que “a todos debe estar permitido […] afirmar y divulgar, con toda la fuerza de que son capaces, su opinión sobre lo que es bueno o malo, admirable o depreciable, pero sin obligar a los demás a aceptar esa opinión”.

Esta reflexión la hizo un intelectual que nunca supo si era socialista o liberal, pero que no por ello renunció a plantearse hasta qué punto debía permitirse la intervención estatal o, en su defecto, el principio del laisser-faire.

Por otra parte, es cierto… Su obra, Principios de economía política con algunas aplicaciones a la filosofía social, por lo general, no suele caer en manos de cualquiera, sino más bien de gente especializada en el tema. Y quizás, solo quizás, por ello debiéramos comprender que aún haya quien no tenga interiorizado todo esto que J. S. Mill enuncia. Porque al margen dejamos el hecho de que esta reflexión se hiciera ya en el siglo XIX, lo que lleva a pensar que si hoy en día hay quien todavía cuestiona la conveniencia de que exista ese “territorio reservado”, esto es, de que cada individuo pueda elegir por sí mismo contraer un matrimonio con alguien de su mismo sexo, o si abortar o no, o si creer en una, en otra o en ninguna religión, etc., es porque todavía hay quien tiene una mentalidad que está atrasada más de doscientos años…

En todo caso, si bien es cierto que no todos tienen acceso a lecturas como ésta, con cierta complejidad, o, si se tiene acceso, muchas veces no se hace uso de ellas, no podemos decir que ocurra lo mismo con un periódico. O con un telediario. O, en última instancia, con el lenguaje mismo que hablamos (o que nos habla).

Volviendo a lo de los titulares de El País, también aparece entre los titulares de esta semana que Rajoy exalta la guerra asegurando que “si todos trabajásemos como nuestros militares”, que llevan más de una década luchando contra los talibanes, las cosas irían mejor; o que los más expertos del país en educación ya empiezan a pedir a los padres que sus hijos “aparquen el amor” y se centren en el trabajo; o, de forma sorprende (o no tanto a estas alturas), que Hollande dice a los “exiliados fiscales” que si aman a Francia, la sirvan… ¿Si todos trabajásemos como nuestros militares? ¿Que los hijos vayan aparcando el amor y centrándose en el trabajo? Y… ¿”exiliados fiscales”? No, si ahora va a resultar que la culpa de que las grandes fortunas francesas prefieran tributar en otro estado la tiene el gobierno francés, por eso se exilian y Hollande tiene que suplicarles que “sirvan a su país” y no a otro, despejando definitivamente cualquier duda sobre quién tiene realmente la capacidad de decidir y quién manda sobre quién.

Y así, no a través de grandes obras de pensadores, sino de periódicos y telediarios, se va logrando difundir un sentido común no solo entre la gente que no lee, sino también entre la gente que lee y que, precisamente porque lo hace, cree conocer. Sin darse cuenta de que lo primero que debieran conocer, es precisamente cómo conocen.

Hay quien, por no haberlo leído, no entiende aun porqué debe existir ese “territorio reservado”, ese “círculo alrededor de cada individuo” del que Mill, ya en el siglo XIX, hablaba. También hay quien ha leído tantas veces que hay daños colaterales, en vez de asesinados, o que hay exiliados fiscales, en vez de ricachones evasores de impuestos, que ya no le causa molestia que se asesine o que los ricos no contribuyan a las arcas públicas.

Cuando se lee poco, se dispara mucho, sí. Pero cuando se lee, incluso cuando se lee mucho, si se lee mal, se tienen además las justificaciones para que se dispare mucho. O para que se evadan  impuestos.

Y no me atrevería a decir quién es más responsable que quién.

Por Rubén Gutiérrez

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Después de los Tiempos (16 Diciembre 2012)

Tenía 45 años y no, no tenía toda la vida por delante. Al contrario, estaba a punto de entrar en un quirófano sin saber muy bien qué pasaba. Tenía la piel amarillenta o como decimos entre el gremio “ictérico”, aunque a veces no me sienta dentro del mismo, y sí tenía esa mirada lacónica que esperaba una explicación sobre qué estaba a punto de pasar por su cuerpo, por esos bisturís, los hilos, las manos, las miradas y por qué no decirlo, las emociones.

 

La cuestión es tan simple como compleja, pero lleva los relieves de la incomunicación. De llegar a relativizar tanto las relaciones humanas y los diagnósticos que se olvidan y olvidamos a veces, que a quienes tratamos son personas, no números, ni patologías, ni robots que procesan toda esa cantidad de información visual, auditiva pasiva y activa a la velocidad de la luz.

 

Pasaron los minutos más llenos de incertidumbre entre lo que veía y lo que ese hombre llegó a observar. Las enfermeras y los anestesistas intentaron tranquilizarlo y explicarle que todo era muy complicado pero que estaría en buenas manos durante su cirugía. Mientras tanto, una familia que clavó sus ojos quemantes y preocupados sobre mi compañera de prácticas y sobre mi, esperaría fuera durante horas y horas.

 

Existe algo más penoso que la muerte en la salud, en este trabajo. Es la incertidumbre. La de no saber qué vas a encontrarte, cuán cansada estará tu vista tras cuatro o más horas de quirófano, de tener en la piel tatuado el mensaje de historia clínica de múltiples variantes y determinantes, de no poder decir nada a su familia porque no sabes qué tiene. Sin embargo, existe algo tan malsonante como peligroso y es el ego, esa desmoronada soberbia que se nos crece desde el primer día en que te dicen que eres la élite intelectual de un país.

 

A pesar de ello, con el paso del tiempo te das cuenta que hasta un mono con tiempo podría sacarse la carrera y que esto va más allá de la nota de corte al entrar en Medicina, de un MIR bien hecho o de rodearse de gente “que tenga los mismos intereses que tú”, que en mi caso, es bien poca. Mas, es esa gente valiosa la que ese día que salí de mis prácticas, con las entrañas fuera, me escucharon y entendieron que recordase ese término tan enrevesado de “ser dueño de tu salud”. Resulta que no es algo tan simple como preparar unas jornadas, hablar de ello, prepararse a conciencia para el hoy –ese presente presentable del que habla en sus canciones Alberto Alcalá-, de estudiar horas, de hablar de ello. Parece ser y es que, no siempre una vida puede salvarse. Pero, me pregunto a diario y ¿qué hay de ensanchar una vida?

 

Ensanchar una vida para mi va más allá de una ronda de llamadas a familiares, sesiones clínicas sobre este caso tan complejo y lleno de aristas, de medicamentos caros y fármacos que solamente palian el dolor. Se trata de saber dar esa sonrisa por muchas circunstancias personales que nos acompañen, de no soltar la mano del paciente y persona que nos necesita, nos habla e intenta explicarnos algo que no viene en un sistema informático de un sistema de salud. Su vida, sus expectativas, sus vivencias, sus ganas de vivir por pocas que sean… ¡Su escritor favorito o ese cantante de la feria del pueblo que tanto escuchó!

 

La vida, compañeros, no tiene un guión escrito. Nadie sabe bien cómo rehogar el pasado, meterlo en una cajita, borrar los errores del panel para el mañana, de cometer las locuras de la juventud y la madurez, de amar a alguien con intensidad, de recorrerse el mundo y bajarse en la parada del hogar. Tomar la moto del optimismo, por muy a cuentagotas que lo veamos. Siempre habrá alguien que nos dará una palabra de ánimo, un verso, una alegría diaria. Yo quise ser eso para ese hombre y probablemente, desde “la pasividad” con que nos enseñan a los futuros médicos, no pude serlo. No me dejaron y, la verdad, tuve miedo de atreverme a ello.

 

Mañana, cuando me despierte y una mujer, niño u hombre estén en un situación similar, mi corazón no se cubrirá de caparazones. Ni lo intentaré, no tendré miedo. Tendré cuidado pero aprenderé a cuidar con la libertad y autonomía que ambos dos, en esa relación médico-paciente, merecemos. No perderé mi humanidad ni mi fuerza y os invito a todos a hacer lo mismo. A buscar la vía alternativa, los refuerzos en amor, familia y amistad así como la literatura y la experiencia, para no perdernos tan jóvenes ni tan lejos.

 

Solamente es cuestión de tiempo. 

 

Versos y besos,

 

Iveth Quezada Encalada.

 

http://porserendipias.blogspot.com.es/

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Opinión

Eurovegas o cómo reiterar en el error

Eurovegas no ocurre porque sí. En un contexto en el que no terminamos de averiguar si, de la noche a la mañana, todo el dinero ha desaparecido, ha sido quemado o arrojado a un pozo, nada ocurre porque sí.

 Vivimos en un país cuyo gobierno repite a sus ciudadanos hasta la saciedad que “no hay dinero”, que “no hay alternativas” (y qué esperanzador es que al mismo tiempo se escriban, por romper estos tópicos, libros como “Hay Alternativas”, de los magníficos Vicenç Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón). Lanzando este mensaje una y otra vez, logran que vaya calando en la conciencia de los individuos la idea de que las cosas son como son porque las circunstancias así lo exigen, hasta el punto de que todo conflicto queda despojado de responsables, y acaba pareciendo que, en efecto, las cosas son así porque la naturaleza lo ha querido. Las circunstancias acaban siendo las únicas responsables.

 Lo que logran con esto es, en definitiva, justificar  que, por ejemplo, contra cualquier ética o principio, los hospitales no atiendan a los inmigrantes, siguiendo una suerte de apartheid sanitario. O se le deniegue el permiso de residencia a quienes no posean una casa por el valor de 160.000 euros. Como suena: si eres un Gao Ping, aquí tienes tu permiso de residencia español; ahora, si no vienes con dinero por delante, si no estás en la lista de los más ricos de Forbes, no eres bienvenido.

Vivimos en un país en el que miles de jóvenes ya no pueden estudiar una carrera porque, para pagar la matrícula de la universidad o del máster, tendrían que dejar de comer o de pagar el piso. Y en el que más de 926.000 menores de veinticinco años, casi un millón de jóvenes, están en paro y sin formación, muchos de ellos porque se dedicaron en su tiempo a la construcción, una actividad que, aunque ya ha demostrado ser improductiva, no parece habernos enseñado nada de cara al futuro (por lo que estaremos abocados a tropezar una segunda vez con el mismo ladrillo). Si Bankia pide 37.000 millones de euros, no hay problema, se sacan de donde sea. Si es en cambio la Universidad Complutense de Madrid la que pide 150 millones, es mucho, y como tenemos que ser austeros… Viendo en qué se invierte el dinero, es muy fácil darse cuenta de cuáles son las preferencias de la casta política actual.

Vivimos en un país en el que la mayoría de nuestros ancianos tienen que soportar, no solo el tener que mantener a uno o a varios hijos e incluso darles cobijo, sino además la congelación de sus pensiones y el re-pago, pese a lo reducido de su capacidad adquisitiva. En un país en el que cada vez cierran más centros para dependientes y discapacitados, e incluso algunos mueren por falta de cuidados. En un país en el que las empresas firman EREs y mandan a más gente al paro, aun cuando sus directivos  se embolsan sueldos astronómicos y el más listo se jubila con una pensión vitalicia nada desdeñable, quizás de millones y millones de euros.

En este país hay cinco millones de parados, personas de carne y hueso. Casi dos millones de familias que no perciben ningún ingreso. Más de 30.000 de españolas y españoles sin techo, viviendo en las calles. Gente sin casa. Casas sin gente. Un promedio de 500 familias desalojadas al día. Y todo esto, ¿en nombre de quién?

 Este es el país en el que vivimos. Y fuera, en el resto del mundo, las cosas no van mucho mejor.

 Decía, y creo no equivocarme, que Eurovegas no ocurre porque sí. Se pone en marcha en un momento en el que la situación tanto dentro como fuera del país es alarmante. Responde, en todo caso, a la forma de la que los gobiernos de occidente llevan organizando su economía desde los años 70 y 80, siguiendo cada  vez más a rajatabla los principios neoliberales: la no intervención del Estado (salvo cuando de socializar pérdidas se trata), la búsqueda del máximo beneficio, el crecimiento económico exponencial (que, como dijo Kenneth Boulding, recordemos, no es posible en un mundo finito), etc.

 En España, el asentamiento de este modelo coincidió con la salida del régimen franquista, que en cierto modo, nunca terminó de marcharse. Banqueros y patronal consiguieron mantener, tras la Transición, un trato de favor para que el sistema fiscal se hiciera a su medida y poder así rechazar, como históricamente lo habían hecho, los impuestos. Así, todavía a finales de 2006, tres décadas después del final del franquismo, el 0,0035% de la población española, controlaba recursos que equivalen al 80,5% del PIB, lo que demuestra que, incluso en la actualidad, no hemos logrado librarnos por completo de la herencia del franquismo.

 Al modelo liberal, por su parte, es inherente, además, la tendencia a polarizar a la sociedad, siendo cada vez menor el número de personas que tiene en sus manos la riqueza. En ese sentido, este megaproyecto no sirve sino para seguir profundizando en esa polarización, ya que no es otra cosa que un parque temático más del neoliberalismo, que dada la coyuntura de crisis en la que nos hayamos inmersos, aprovecha para engatusarnos y persuadirnos de que será la clave para salir de la crisis.

 Debemos, sin embargo, ser astutos y presuponer que, como hemos dicho anteriormente, estaremos tropezando dos veces con el mismo ladrillo si volvemos a apostar por actividades improductivas y olvidamos la industria, la agricultura, las energías renovables, el I+D+i,… y lo que es más importante, al conjunto de la población, que, como puede deducirse, no requiere precisamente de casinos y complejos turísticos a los que nunca tendrán la oportunidad de entrar y en los que probablemente no obtengan ningún puesto de trabajo.

 Hay que subrayar, no obstante, que Eurovegas no es el único proyecto que está puesto en marcha a día de hoy. Otro proyecto que se está llevando a cabo es Barcelona World, de la mano de Enrique Bañuelo, uno de los protagonistas de la burbuja inmobiliaria y hasta hace unos años tercera fortuna de España. Ahora bien, lo que si pretende ser Eurovegas, es la inversión privada más grande que se haya hecho en toda la historia de nuestro país, de la mano de  Sheldon Adelson, declarado judio sionista y detractor del derecho de los palestinos a un estado, además de primer financiador de la derecha estadounidense.

Desde que hace unos años el magnate Sheldon Adelson se interesara por extrapolar sus casinos de Las Vegas, Macao y Singapur a España, las comunidades de Madrid y Barcelona, candidatas a albergar el macroproyecto, se ensalzaron en una batalla para ver quien hacía de su comunidad la más atractiva a las inversiones extranjeras. Esta fue, sin duda, una de las razones que hicieron que desde el inicio España fuera la favorita de Adelson: la predisposición de nuestros hospitalarios políticos a cumplir sus demandas.

Y es que se mostraron complacientes desde un principio sin plantearse, con al menos un mínimo de seriedad, como ocurre por ejemplo cuando se organizan unas olimpiadas, que si la multinacional que pone las medallas es Río Tinto y cuenta con un récord de contaminación catastrófica y de violación a los derechos humanos y a la salud pública, quizás sería mejor hacer un ejercicio de responsabilidad y buscar otras vías más aceptables moralmente

Con Eurovegas ha ocurrido lo mismo. Como dijo, con gran acierto, Pablo Iglesias: “es muy curioso que esa derecha que los domingos va a misa, sin embargo, los sábados no tenga ningún problema en irse de putas”. Ahogados, como estamos, en este mar de desesperación del que parece que nos va a costar mucho salir (al menos si no cambiamos nuestra concepción del mundo), cualquier solución parece buena. Aunque sea solo un parche. O ni eso. Y es que, si analizamos lo ocurrido en Macao o en Singapur, comprobaremos como allí donde Adelson ha colocado sus complejos, se ha convertido en un foco de mafias, prostitución, blanqueo de dinero,…: en Macao ha sido denunciado por influir en el fujo de prostitutas hacia sus hoteles para atraer clientes; gracias a los agujeros en su legislación, ha conseguido asentarse la mafia, mediante la figura de los “junkets”, que operan en los casinos; Adelson ha sido, además, denunciado por blanquear dinero procedente del tráfico de drogas en México. Éstas son solo algunas de las muchas acusaciones a la octava fortuna de los Estados Unidos que han saltado a la opinión pública y que deberían hacernos dudar de las bondades del proyecto.

Como vemos, resulta muy difícil confeccionar un análisis objetivo sobre las ventajas y desventajas de la construcción de los complejos, ya que cada argumento tiene su doble cara. ¿Es acaso positivo el hecho de que, en teoría, se vayan a crear 260.000 puestos de trabajo (más allá de que esto suponga, como poco, cuadriplicar la plantilla de trabajadores que Adelson ya tiene contratados)?

 Si, como aseguraba David Forrest, investigador especializado en el mundo del juego, “los casinos del promotor de Eurovegas son un nido de empleados infelices”, llegando a ser los trabajadores del casino de Macao los más infelices con diferencia de toda la región, y, al igual que en Las Vegas o en Singapur, son los únicos que tienen prohibido afiliarse a sindicatos, no creo que sea un hecho positivo. Adelson tiene además la manía de contratar inmigrantes sin papeles para ahorrar lo máximo posible en salarios, y aquí, en el Estado español, ya ha pedido que se cambie la ley de extranjería. Por tanto, puestos de trabajo, sí, sin lugar a dudas, y más en la situación actual. Pero, ¿a qué precio?

En cualquier caso, es normal que Eurovegas, a toda esa oligarquía financiera que nos dirige, le parezca una inversión tentadora, sobre todo si el magnate del juego chantajea ligando el futuro de Europa al futuro del macrocasino, como ya lo ha hecho. Y es normal que, aunque Montoro saliera un 19 de septiembre insinuando que no se cambiaría la legislación tributaria española para favorecer “expresamente” a “ningún proyecto” (refiriéndose a Eurovegas), el día 27 del mismo mes, poco más de una semana después, abriera la vía para perdonar impuestos a Eurovegas. Queda, entonces, desde este punto de vista, desechada también la posibilidad de que Eurovegas mejore nuestras condiciones de vida porque no contribuirá prácticamente a incrementar las arcas públicas.

Debiera asustarnos (al menos a mí me asusta), que, como escribiera Javier Gallego, el presentador del recientemente cerrado programa de radio Carne Cruda, España se esté convirtiendo en “una mezcla de Guantánamo, Suiza y Las Vegas”. Camino de parecernos en los aspectos más negativos a cada uno de estos tres sitios, se podrá indultar, ya no solo a los Mossos d’Esquadra, si se considera oportuno, sino también a los promotores de Eurovegas, aunque incurran en faltas muy graves. Eso sí que es igualdad ante la ley. Y sobre nuestro posible parecido en un futuro no muy lejano con Suiza, el propio Adelson ha revelado que Eurovegas precisará de unas leyes a medida, y, cómo no, Esperanza Aguirre y su heredero (como si la sangre real corriera por las venas de ambos), Ignacio Gonzáles, han asegurado que harían todo lo posible.

En definitiva, todas las presuntas ventajas que parece traer consigo el megaproyecto Eurovegas, si las pensamos en frío, pierden sentido, y deben servirnos, en última instancia, para reflexionar sobre por qué modelo de sociedad estamos apostando. Decisiones como la de permitir fumar dentro de los recintos o la entrada a menores, deben también replantearse inmediatamente. De igual manera, debiera sopesarse si proyectos como Eurovegas son viables, no solo a corto y medio plazo, sino también a largo plazo, ya que en el caso concreto de Las Vegas, la crisis se ha dejado notar fuertemente. ¿Queremos seguir avanzando hacia una economía llena de puntos débiles, puesto que funciona solo cuando el sector servicios ofrece ingresos (y que en momentos de crisis, es el sector más azotado…)?

Quizás sea en este punto (en el pensar en las expectativas a largo plazo) en el que erradique el éxito de las futuras propuestas, pues, como bien sabemos, asistimos a una reordenación de una economía que sufre una crisis estructural. Por este motivo, es fundamental considerar este momento como el mejor para dar marcha atrás tanto a la construcción del macrocasino como a las demás actividades que realmente no son productivas para la economía real, y para comenzar a escuchar las propuestas de quienes no sólo vieron venir esta crisis, sino que además tienen recetas prácticas y viables que nos sirven para caminar, sin reiterar en el error, hacia un modelo económico que de alguna manera sea sostenible en el tiempo. Me refiero a la plataforma EurovegasNo, a ATTAC, a partidos con programas electorales realmente prometedores como es el de Izquierda Unida u otros partidos que han emergido en el resto de Europa, a los gobiernos socialistas Latinoamericanos,…

Por Rubén Gutiérrez.

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