Opinión

Eurovegas o cómo reiterar en el error

Eurovegas no ocurre porque sí. En un contexto en el que no terminamos de averiguar si, de la noche a la mañana, todo el dinero ha desaparecido, ha sido quemado o arrojado a un pozo, nada ocurre porque sí.

 Vivimos en un país cuyo gobierno repite a sus ciudadanos hasta la saciedad que “no hay dinero”, que “no hay alternativas” (y qué esperanzador es que al mismo tiempo se escriban, por romper estos tópicos, libros como “Hay Alternativas”, de los magníficos Vicenç Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón). Lanzando este mensaje una y otra vez, logran que vaya calando en la conciencia de los individuos la idea de que las cosas son como son porque las circunstancias así lo exigen, hasta el punto de que todo conflicto queda despojado de responsables, y acaba pareciendo que, en efecto, las cosas son así porque la naturaleza lo ha querido. Las circunstancias acaban siendo las únicas responsables.

 Lo que logran con esto es, en definitiva, justificar  que, por ejemplo, contra cualquier ética o principio, los hospitales no atiendan a los inmigrantes, siguiendo una suerte de apartheid sanitario. O se le deniegue el permiso de residencia a quienes no posean una casa por el valor de 160.000 euros. Como suena: si eres un Gao Ping, aquí tienes tu permiso de residencia español; ahora, si no vienes con dinero por delante, si no estás en la lista de los más ricos de Forbes, no eres bienvenido.

Vivimos en un país en el que miles de jóvenes ya no pueden estudiar una carrera porque, para pagar la matrícula de la universidad o del máster, tendrían que dejar de comer o de pagar el piso. Y en el que más de 926.000 menores de veinticinco años, casi un millón de jóvenes, están en paro y sin formación, muchos de ellos porque se dedicaron en su tiempo a la construcción, una actividad que, aunque ya ha demostrado ser improductiva, no parece habernos enseñado nada de cara al futuro (por lo que estaremos abocados a tropezar una segunda vez con el mismo ladrillo). Si Bankia pide 37.000 millones de euros, no hay problema, se sacan de donde sea. Si es en cambio la Universidad Complutense de Madrid la que pide 150 millones, es mucho, y como tenemos que ser austeros… Viendo en qué se invierte el dinero, es muy fácil darse cuenta de cuáles son las preferencias de la casta política actual.

Vivimos en un país en el que la mayoría de nuestros ancianos tienen que soportar, no solo el tener que mantener a uno o a varios hijos e incluso darles cobijo, sino además la congelación de sus pensiones y el re-pago, pese a lo reducido de su capacidad adquisitiva. En un país en el que cada vez cierran más centros para dependientes y discapacitados, e incluso algunos mueren por falta de cuidados. En un país en el que las empresas firman EREs y mandan a más gente al paro, aun cuando sus directivos  se embolsan sueldos astronómicos y el más listo se jubila con una pensión vitalicia nada desdeñable, quizás de millones y millones de euros.

En este país hay cinco millones de parados, personas de carne y hueso. Casi dos millones de familias que no perciben ningún ingreso. Más de 30.000 de españolas y españoles sin techo, viviendo en las calles. Gente sin casa. Casas sin gente. Un promedio de 500 familias desalojadas al día. Y todo esto, ¿en nombre de quién?

 Este es el país en el que vivimos. Y fuera, en el resto del mundo, las cosas no van mucho mejor.

 Decía, y creo no equivocarme, que Eurovegas no ocurre porque sí. Se pone en marcha en un momento en el que la situación tanto dentro como fuera del país es alarmante. Responde, en todo caso, a la forma de la que los gobiernos de occidente llevan organizando su economía desde los años 70 y 80, siguiendo cada  vez más a rajatabla los principios neoliberales: la no intervención del Estado (salvo cuando de socializar pérdidas se trata), la búsqueda del máximo beneficio, el crecimiento económico exponencial (que, como dijo Kenneth Boulding, recordemos, no es posible en un mundo finito), etc.

 En España, el asentamiento de este modelo coincidió con la salida del régimen franquista, que en cierto modo, nunca terminó de marcharse. Banqueros y patronal consiguieron mantener, tras la Transición, un trato de favor para que el sistema fiscal se hiciera a su medida y poder así rechazar, como históricamente lo habían hecho, los impuestos. Así, todavía a finales de 2006, tres décadas después del final del franquismo, el 0,0035% de la población española, controlaba recursos que equivalen al 80,5% del PIB, lo que demuestra que, incluso en la actualidad, no hemos logrado librarnos por completo de la herencia del franquismo.

 Al modelo liberal, por su parte, es inherente, además, la tendencia a polarizar a la sociedad, siendo cada vez menor el número de personas que tiene en sus manos la riqueza. En ese sentido, este megaproyecto no sirve sino para seguir profundizando en esa polarización, ya que no es otra cosa que un parque temático más del neoliberalismo, que dada la coyuntura de crisis en la que nos hayamos inmersos, aprovecha para engatusarnos y persuadirnos de que será la clave para salir de la crisis.

 Debemos, sin embargo, ser astutos y presuponer que, como hemos dicho anteriormente, estaremos tropezando dos veces con el mismo ladrillo si volvemos a apostar por actividades improductivas y olvidamos la industria, la agricultura, las energías renovables, el I+D+i,… y lo que es más importante, al conjunto de la población, que, como puede deducirse, no requiere precisamente de casinos y complejos turísticos a los que nunca tendrán la oportunidad de entrar y en los que probablemente no obtengan ningún puesto de trabajo.

 Hay que subrayar, no obstante, que Eurovegas no es el único proyecto que está puesto en marcha a día de hoy. Otro proyecto que se está llevando a cabo es Barcelona World, de la mano de Enrique Bañuelo, uno de los protagonistas de la burbuja inmobiliaria y hasta hace unos años tercera fortuna de España. Ahora bien, lo que si pretende ser Eurovegas, es la inversión privada más grande que se haya hecho en toda la historia de nuestro país, de la mano de  Sheldon Adelson, declarado judio sionista y detractor del derecho de los palestinos a un estado, además de primer financiador de la derecha estadounidense.

Desde que hace unos años el magnate Sheldon Adelson se interesara por extrapolar sus casinos de Las Vegas, Macao y Singapur a España, las comunidades de Madrid y Barcelona, candidatas a albergar el macroproyecto, se ensalzaron en una batalla para ver quien hacía de su comunidad la más atractiva a las inversiones extranjeras. Esta fue, sin duda, una de las razones que hicieron que desde el inicio España fuera la favorita de Adelson: la predisposición de nuestros hospitalarios políticos a cumplir sus demandas.

Y es que se mostraron complacientes desde un principio sin plantearse, con al menos un mínimo de seriedad, como ocurre por ejemplo cuando se organizan unas olimpiadas, que si la multinacional que pone las medallas es Río Tinto y cuenta con un récord de contaminación catastrófica y de violación a los derechos humanos y a la salud pública, quizás sería mejor hacer un ejercicio de responsabilidad y buscar otras vías más aceptables moralmente

Con Eurovegas ha ocurrido lo mismo. Como dijo, con gran acierto, Pablo Iglesias: “es muy curioso que esa derecha que los domingos va a misa, sin embargo, los sábados no tenga ningún problema en irse de putas”. Ahogados, como estamos, en este mar de desesperación del que parece que nos va a costar mucho salir (al menos si no cambiamos nuestra concepción del mundo), cualquier solución parece buena. Aunque sea solo un parche. O ni eso. Y es que, si analizamos lo ocurrido en Macao o en Singapur, comprobaremos como allí donde Adelson ha colocado sus complejos, se ha convertido en un foco de mafias, prostitución, blanqueo de dinero,…: en Macao ha sido denunciado por influir en el fujo de prostitutas hacia sus hoteles para atraer clientes; gracias a los agujeros en su legislación, ha conseguido asentarse la mafia, mediante la figura de los “junkets”, que operan en los casinos; Adelson ha sido, además, denunciado por blanquear dinero procedente del tráfico de drogas en México. Éstas son solo algunas de las muchas acusaciones a la octava fortuna de los Estados Unidos que han saltado a la opinión pública y que deberían hacernos dudar de las bondades del proyecto.

Como vemos, resulta muy difícil confeccionar un análisis objetivo sobre las ventajas y desventajas de la construcción de los complejos, ya que cada argumento tiene su doble cara. ¿Es acaso positivo el hecho de que, en teoría, se vayan a crear 260.000 puestos de trabajo (más allá de que esto suponga, como poco, cuadriplicar la plantilla de trabajadores que Adelson ya tiene contratados)?

 Si, como aseguraba David Forrest, investigador especializado en el mundo del juego, “los casinos del promotor de Eurovegas son un nido de empleados infelices”, llegando a ser los trabajadores del casino de Macao los más infelices con diferencia de toda la región, y, al igual que en Las Vegas o en Singapur, son los únicos que tienen prohibido afiliarse a sindicatos, no creo que sea un hecho positivo. Adelson tiene además la manía de contratar inmigrantes sin papeles para ahorrar lo máximo posible en salarios, y aquí, en el Estado español, ya ha pedido que se cambie la ley de extranjería. Por tanto, puestos de trabajo, sí, sin lugar a dudas, y más en la situación actual. Pero, ¿a qué precio?

En cualquier caso, es normal que Eurovegas, a toda esa oligarquía financiera que nos dirige, le parezca una inversión tentadora, sobre todo si el magnate del juego chantajea ligando el futuro de Europa al futuro del macrocasino, como ya lo ha hecho. Y es normal que, aunque Montoro saliera un 19 de septiembre insinuando que no se cambiaría la legislación tributaria española para favorecer “expresamente” a “ningún proyecto” (refiriéndose a Eurovegas), el día 27 del mismo mes, poco más de una semana después, abriera la vía para perdonar impuestos a Eurovegas. Queda, entonces, desde este punto de vista, desechada también la posibilidad de que Eurovegas mejore nuestras condiciones de vida porque no contribuirá prácticamente a incrementar las arcas públicas.

Debiera asustarnos (al menos a mí me asusta), que, como escribiera Javier Gallego, el presentador del recientemente cerrado programa de radio Carne Cruda, España se esté convirtiendo en “una mezcla de Guantánamo, Suiza y Las Vegas”. Camino de parecernos en los aspectos más negativos a cada uno de estos tres sitios, se podrá indultar, ya no solo a los Mossos d’Esquadra, si se considera oportuno, sino también a los promotores de Eurovegas, aunque incurran en faltas muy graves. Eso sí que es igualdad ante la ley. Y sobre nuestro posible parecido en un futuro no muy lejano con Suiza, el propio Adelson ha revelado que Eurovegas precisará de unas leyes a medida, y, cómo no, Esperanza Aguirre y su heredero (como si la sangre real corriera por las venas de ambos), Ignacio Gonzáles, han asegurado que harían todo lo posible.

En definitiva, todas las presuntas ventajas que parece traer consigo el megaproyecto Eurovegas, si las pensamos en frío, pierden sentido, y deben servirnos, en última instancia, para reflexionar sobre por qué modelo de sociedad estamos apostando. Decisiones como la de permitir fumar dentro de los recintos o la entrada a menores, deben también replantearse inmediatamente. De igual manera, debiera sopesarse si proyectos como Eurovegas son viables, no solo a corto y medio plazo, sino también a largo plazo, ya que en el caso concreto de Las Vegas, la crisis se ha dejado notar fuertemente. ¿Queremos seguir avanzando hacia una economía llena de puntos débiles, puesto que funciona solo cuando el sector servicios ofrece ingresos (y que en momentos de crisis, es el sector más azotado…)?

Quizás sea en este punto (en el pensar en las expectativas a largo plazo) en el que erradique el éxito de las futuras propuestas, pues, como bien sabemos, asistimos a una reordenación de una economía que sufre una crisis estructural. Por este motivo, es fundamental considerar este momento como el mejor para dar marcha atrás tanto a la construcción del macrocasino como a las demás actividades que realmente no son productivas para la economía real, y para comenzar a escuchar las propuestas de quienes no sólo vieron venir esta crisis, sino que además tienen recetas prácticas y viables que nos sirven para caminar, sin reiterar en el error, hacia un modelo económico que de alguna manera sea sostenible en el tiempo. Me refiero a la plataforma EurovegasNo, a ATTAC, a partidos con programas electorales realmente prometedores como es el de Izquierda Unida u otros partidos que han emergido en el resto de Europa, a los gobiernos socialistas Latinoamericanos,…

Por Rubén Gutiérrez.

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