Opinión

De los Principios de J. S. Mill a la bala de Calle 13

Decenas de muertos en un bombardeo contra una panadería en Siria; diez niñas mueren al explotar una mina en Afganistán; Francia estudia una intervención militar en Malí; la Asociación estadounidense del Rifle pide, tras la masacre de la escuela infantil de Connecticut, combatir las armas con más armas

Éstos no son solamente algunos de los titulares de El País de esta semana. Es también la realidad.

Decía Calle 13 que cuando se lee poco, se dispara mucho. Quienes disparan, entonces, lo hacen porque no leen o leen poco. En ese caso, quienes sí leen… ¿dónde están? ¿y por qué permiten, tanto la violencia física de los disparos, como otras formas de violencia apenas perceptibles, pero que existen, como es la violencia estructural del mercado del sistema capitalista, que constantemente nos acosa y que también termina con tantas vidas? Es cierto. Cuando se lee poco, se dispara mucho. Sugiero entonces que leamos.

De las muchas lecturas que ahora mismo se me vienen a la cabeza a raíz de esto, una de las que quizás pueda ser más interesantes, es la de John Stuart Mill. Probablemente todos debiéramos leerlo, sí. La filosofía social es, esencialmente eso, social.

Mill nos dice que “cualquiera que sea la teoría que adoptemos sobre el fundamento de la unión social, y sean cualesquiera las instituciones bajo las cuales vivamos, hay alrededor de cada ser humano considerado individualmente un círculo en el que no debe permitirse que penetre ningún gobierno, sea de una persona, de unas cuantas o de muchas “. Mill afirma que cada individuo debe tener un “territorio reservado”, un “espacio que debe ser sagrado para toda intrusión autoritaria”. Dice, en definitiva, que “a todos debe estar permitido […] afirmar y divulgar, con toda la fuerza de que son capaces, su opinión sobre lo que es bueno o malo, admirable o depreciable, pero sin obligar a los demás a aceptar esa opinión”.

Esta reflexión la hizo un intelectual que nunca supo si era socialista o liberal, pero que no por ello renunció a plantearse hasta qué punto debía permitirse la intervención estatal o, en su defecto, el principio del laisser-faire.

Por otra parte, es cierto… Su obra, Principios de economía política con algunas aplicaciones a la filosofía social, por lo general, no suele caer en manos de cualquiera, sino más bien de gente especializada en el tema. Y quizás, solo quizás, por ello debiéramos comprender que aún haya quien no tenga interiorizado todo esto que J. S. Mill enuncia. Porque al margen dejamos el hecho de que esta reflexión se hiciera ya en el siglo XIX, lo que lleva a pensar que si hoy en día hay quien todavía cuestiona la conveniencia de que exista ese “territorio reservado”, esto es, de que cada individuo pueda elegir por sí mismo contraer un matrimonio con alguien de su mismo sexo, o si abortar o no, o si creer en una, en otra o en ninguna religión, etc., es porque todavía hay quien tiene una mentalidad que está atrasada más de doscientos años…

En todo caso, si bien es cierto que no todos tienen acceso a lecturas como ésta, con cierta complejidad, o, si se tiene acceso, muchas veces no se hace uso de ellas, no podemos decir que ocurra lo mismo con un periódico. O con un telediario. O, en última instancia, con el lenguaje mismo que hablamos (o que nos habla).

Volviendo a lo de los titulares de El País, también aparece entre los titulares de esta semana que Rajoy exalta la guerra asegurando que “si todos trabajásemos como nuestros militares”, que llevan más de una década luchando contra los talibanes, las cosas irían mejor; o que los más expertos del país en educación ya empiezan a pedir a los padres que sus hijos “aparquen el amor” y se centren en el trabajo; o, de forma sorprende (o no tanto a estas alturas), que Hollande dice a los “exiliados fiscales” que si aman a Francia, la sirvan… ¿Si todos trabajásemos como nuestros militares? ¿Que los hijos vayan aparcando el amor y centrándose en el trabajo? Y… ¿”exiliados fiscales”? No, si ahora va a resultar que la culpa de que las grandes fortunas francesas prefieran tributar en otro estado la tiene el gobierno francés, por eso se exilian y Hollande tiene que suplicarles que “sirvan a su país” y no a otro, despejando definitivamente cualquier duda sobre quién tiene realmente la capacidad de decidir y quién manda sobre quién.

Y así, no a través de grandes obras de pensadores, sino de periódicos y telediarios, se va logrando difundir un sentido común no solo entre la gente que no lee, sino también entre la gente que lee y que, precisamente porque lo hace, cree conocer. Sin darse cuenta de que lo primero que debieran conocer, es precisamente cómo conocen.

Hay quien, por no haberlo leído, no entiende aun porqué debe existir ese “territorio reservado”, ese “círculo alrededor de cada individuo” del que Mill, ya en el siglo XIX, hablaba. También hay quien ha leído tantas veces que hay daños colaterales, en vez de asesinados, o que hay exiliados fiscales, en vez de ricachones evasores de impuestos, que ya no le causa molestia que se asesine o que los ricos no contribuyan a las arcas públicas.

Cuando se lee poco, se dispara mucho, sí. Pero cuando se lee, incluso cuando se lee mucho, si se lee mal, se tienen además las justificaciones para que se dispare mucho. O para que se evadan  impuestos.

Y no me atrevería a decir quién es más responsable que quién.

Por Rubén Gutiérrez

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