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Héroes

Muchas veces me hace gracia, de verdad me sonrío, al escuchar a la gente hablar sobre sus héroes. Para las niñas adolescentes suele ser algún ídolo del pop que está en los medios de comunicación día y noche. Para los niños suele ser un futbolista, un músico… y así la lista podría alargarse en varios sentidos.

Pero yo hoy quería hablar de mis héroes. Sí, son varios. No creo que tú, querido lector sepas quienes son. Muy poca gente, apenas nadie, los conoce. A algunos, ni siquiera se les puede visitar hoy en sus tumbas. Cayeron en el olvido, y no se les reconoce hoy.

Allá por los años treinta, la avejentada y decadente España, rejuveneció, y se puso por delante en el mundo, dado un vigoroso ejemplo de libertad y valentía. El pueblo proclamó la República, e inauguró un régimen de libertad y justicia. Sin embargo la España oscurantista, la heredera de la Inquisición se hizo conjura y se sublevó contra la legítima República.

Le siguieron a esto, tres años de matanza, tortura y asesinato sin piedad. Fue en este tiempo donde vivieron mis héroes. Son aquellos republicanos que dieron su vida por la libertad y la democracia y que aún hoy están sin reconocimiento en las cunetas de algún camino que recorre esta agreste tierra.

Tristemente hoy, en este país no podemos hablar del pasado siglo. Se comenta que si se discute de la Guerra Civil que fue la consecuencia del golpe “se reabren viejas heridas innecesarias”. Siento verdadera vergüenza, y algo de pena también. Pena por el olvido de aquellos que dieron su vida por la libertad de sus hijos, de aquellos que supieron que España era la avanzadilla de la batalla de la humanidad, de la democracia contra el fascismo. De la tiranía contra la libertad.

Se habla estos días de la famosa “Marca España”, y sinceramente si miramos atrás, se está ignorando una auténtica marca nacional, la marca que dejaron por todo el mundo españoles valientes y solidarios, que combatieron por todo el mundo. No queremos saber. Ahí reside el problema. Si echamos un vistazo a la historia podemos sorprendernos.

Fueron españoles aquellos que tras tres años de lucha contra el fascismo en España, se escaparon en el último momento y llegaron a Rusia. Tras una corta tregua, la vida, les enfrentó de nuevo a un duro reto. Fueron cientos, fueron miles los españoles que en el este se enfrentaron al monstruo del nazismo. Es el caso de Enrique Líster, de Juan Modesto, de Santiago Nelken, o de Rubén Ruiz Ibárruri. Éste último, muerto durante la defensa de Stalingrado, y condecorado como héroe de la Unión Soviética.

Fueron españoles los que recibieron a los Aliados a las puertas del Campo de Concentración y Exterminio de Matthausen. Colocaron la bandera tricolor republicana, hecha con trozos de tela y paño que encontraron de entre los restos de aquellos edificios de la muerte. Y bajo la bella bandera, pusieron un cartel en el que se podía leer: “Los antifascistas españoles saludan a las fuerzas liberadoras”

Fueron españoles, como Cristino García o Amado Granell los que ayudaron a los franceses a liberar su patria de la opresión nazi. No fue por dinero, ni por futuros beneficios, sino por la firme creencia antifascista de la libertad, y de llevarla a cabo en cualquier lugar de la Tierra.

Es triste que se olvide que cuando las tropas nazis se retiraban heridas y humilladas de París, la División Acorazada Leclerc, La Nueve, entró en Paris triunfante. Eran españoles los primeros que entraron en el París libre. “Soldados de la Francia libre o combatientes extranjeros por la libertad de Francia. Vuestra División, que se ha cubierto de gloria en miles de acciones, debe ser la primera en entrar a París. Porque sé que no retrocederéis y que tendréis en alta estima el honor de la División y el honor de las Fuerzas francesas libres, os doy la orden, a vosotros, la 9ª compañía de voluntarios extranjeros, de ir a la cabeza de las fuerzas y de ser los primeros en liberar París.” Y así fue. Cuando los parisinos salieron a la calle a saludar a las tropas victoriosas, se encontraron con españoles, montados en sus tanques, armados y cansados. Pero felices de haber vencido aquella batalla, que sentenciaba definitivamente al nazismo.

Es verdaderamente trágico que en España esos héroes no sean recordados, ni mencionados en la historia nacional. Para escuchar sus nombres hay que ir a Francia, allá donde arriesgaron su vida, y donde los franceses agradecidos, ondean banderas republicanas el 25 de Agosto, el Día de la Liberación de su capital.

 Personas hoy completamente caídas en el olvido. Especialmente la figura de Antonio Beltrán, conocido como El Esquinazau. Que luchó junto a Pancho Villa en la Revolución Mejicana, junto a los aliados en la Primera Guerra Mundial, por la República en la Guerra Civil, y a favor de la libertad, contra el fascismo en la Segunda Guerra Mundial.

Miremos atrás y recordemos a estos hombres y mujeres que dieron su vida entera, años de sacrificio en pos de la libertad. Miremos con honor y agradecimiento a aquellos que se olvidaron de sus propios intereses, de sus propias vidas, y decidieron dedicarse a pelear por algo más grande. Se arriesgaron a pasar la vida en trincheras y bosques. En el barro y la suciedad. Bajo las balas y la metralla. Por la libertad.

El mejor homenaje que se les puede hacer a estos auténticos héroes de la humanidad, es no dejar que sus vidas caigan en el olvido. Continuar aquello por lo que ellos lucharon. Recuperar sus figuras. Recordadles.

Por Mario Martinez

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¿Vino o monos?

La universidad que quiero no es una universidad mercantilizada. No es una universidad que me ofrece como única salida posicionarme bien mercantilmente y vender mi mano de obra lo más cara posible. Eso es una universidad de Coca-cola, del Santander. La universidad que quiero tampoco es una universidad de protocolos. Una universidad que me enseña cómo colocar los vasos y cubiertos en las mesas de las cenas protocolarias. Ni una universidad clientelar, en la que los distintos departamentos se enfrentan para asegurarse de que sus asignaturas ocupan un espacio inamovible dentro de las distintas carreras, y en donde nunca gana el que, a nivel académico, más puede aportar, sino el que más votos obtiene. La universidad que quiero no es tampoco una universidad competitiva, en la que se premia al buen loro y no a la mente crítica. Ni una universidad conformista, que no enseña a pensar, sino a acatar. De la que no salen intelectuales, sino capital humano. Una universidad de explicaciones vacías, de competitividad, de incentivos, de excel, de listas de faltas… Esa no es la universidad que quiero.

La universidad que quiero es una universidad de ideas. Es una universidad de despensar y repensar el mundo. De preguntas más que de respuestas. De diálogo más que de monólogos. De reflexiones más que de imposiciones. Una universidad que tenga en cuenta lo que no gravan los precios de mercado: la naturaleza, la explotación, las desigualdades. Que enseñe a las jóvenes y no tan jóvenes mentes a “echar los frenos de emergencia” de la historia, como sostenía Walter Benjamin. Una universidad sin segregaciones ni por sexos ni por condición económica, simplemente para todos, y de la misma calidad. Esa es la universidad que quiero. Una universidad para el buen vivir, para el bien común. Una universidad para la emancipación social.

Ahora que un cuatrimestre acaba, desde A la mar fui por naranjas queremos dar gracias a una universidad que está apunto de ser privatizada porque no encuentra dinero para financiarse. No, no hay dinero. Y el que esté pensando en los millones de Bárcenas y los anteriores tesoreros del PP, que haga como que no ha visto nada. Que esos millones ni tocarlos. Sí, vale, es cierto, con ese dinero podrían financiarse prácticamente todas las universidades del país durante varios años. Pero esos millones ni tocarlos.

También queremos dar gracias, muchas más gracias aún (pero éstas en serio), a profesores de la inalcanzable talla de J.C. Monedero. Con profesores así, uno se da cuenta de lo mucho que le queda por aprender, pero también de que aprender es bello. Con profesores así, uno se da cuenta de que para solucionar un problema no basta con chasquear los dedos, y que, por el contrario, es necesario complejizarlo todo, ver lo que los demás no ven, convertirnos en “pesimistas esperanzados”. Con profesores así, uno crece, crece mucho, y crece bien.  Uno crece, y nunca pierde las ganas de seguir creciendo. Con profesores así, uno aprende de monos antropoides, cierto, pero es que además acaba aprendiendo también lo necesaria que es la biología, la primatología, la neurobiología o la sociobiología para entender el capitalismo y la modernidad. Y para articular un futuro mejor. Con profesores así se construye, en definitiva, la universidad que realmente quiero.

Porque la universidad que quiero no es la que me hace brindar con vino por la Constitución del 78, no. Es la que, en vez de hablarme de brindis, vino y constituciones, me habla de monos antropoides, nidos de pájaros y bonobos.

Hay cosas que no son grises. O son blancas, o son negras. Y si me dan a elegir entre una universidad mediocre integrada por mediocres o una universidad de calidad integrada por auténticos profesores… si entre lo que tengo que elegir es entre vino o monos… la decisión ya está tomada.

Por Rubén Gutiérrez

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Capitalismo en las venas

Cuando tu madre te decía “estudia para que tengas un futuro provechoso”. Cuando aprobar supuso un premio. Cuando te examinaste. Cuando te graduaste. Cuando votaste. Cuando escuchaste pop. Cuando compraste aquel regalo por San Valentín. Cuando te creaste una cuenta en facebook. Cuando saludaste al chófer de la guagua. Cuando te sonrió la dependienta. Cuando viste a aquella prostituta en la calle de madrugada. Cuando tu profe no pudo salirse de lo que marcaba el temario. Cuando compraste aquel yogur vitalinea. Cuando enciendes la tele. Cuando fumas tabaco. Cuando el tamaño importa. Cuando hasta el tiempo es oro. Cuando te sientes solo. Cuando no te encuentras. Cuando te autodestruyes.

Por Ángel Aguado y Rubén Gutiérrez

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Ruben Gutiérrez

Lo que pensaban, y lo que era.

Pensaban modernidad y progreso.
Pero era Auschwitz, Hiroshima y Nagasaki.
Pensaban crecimiento y prosperidad.
Pero era Prestige, Fukushima y Chernóbil.

Pensaban avance,
pero era retroceso.
Pensaban vida,
pero era muerte.

Pensaban que las hojas caían libres de los árboles.
Pero, en un acto suicida, se lanzaban al vacío.

Lo que pensaban,
y lo que era.

Pocas veces coincidieron.

Por Rubén Gutiérrez

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Manu Navarro, Uncategorized

Comunicado: Abolición de la navidad cristiana y del christmas yankee.

Hoy  queda abolida la navidad. Un grupo de armados ha capturado al magestísimo rey Juan Carlos I de España, el detenido ofreció resistencia a la hora del arresto, pero las fuerzas del orden lograron reducirlo, acto seguido y una vez capturado el rebelde se le ha hecho firmar un tratado por  el cual se compromete a abandonar su labor mandataria. En uno de los apartados de la negociación bilateral se establece que la navidad, como término cristiano, queda abolida en todas sus vertientes, ya no será posible instalar el belén, todo artículo de similar temática será retirado de los establecimientos que distribuyan dicho material. Además, en lo respectivo al acuerdo se ha establecido un margen para que todo producto de importación estadounidense, cualquier barbudo rojiblanco, cualquier promoción de la conocidísima “coke” sea penalizado. Así es como la navidad cristiana y el christmas desaparecen de nuestro país, liberando a los ciudadanos de nuestra democracia de una gran carga moral y económica que llevaba apresándolos desde tiempos inmemorables. En lo que refiere al rey, será trasladado a una cárcel de alta seguridad, dando paso a unas felices fiestas de la  Tercerca República española.

Porque yo también puedo soñar por estas fechas invernales.

Manu Navarro.

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