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¿Vino o monos?

La universidad que quiero no es una universidad mercantilizada. No es una universidad que me ofrece como única salida posicionarme bien mercantilmente y vender mi mano de obra lo más cara posible. Eso es una universidad de Coca-cola, del Santander. La universidad que quiero tampoco es una universidad de protocolos. Una universidad que me enseña cómo colocar los vasos y cubiertos en las mesas de las cenas protocolarias. Ni una universidad clientelar, en la que los distintos departamentos se enfrentan para asegurarse de que sus asignaturas ocupan un espacio inamovible dentro de las distintas carreras, y en donde nunca gana el que, a nivel académico, más puede aportar, sino el que más votos obtiene. La universidad que quiero no es tampoco una universidad competitiva, en la que se premia al buen loro y no a la mente crítica. Ni una universidad conformista, que no enseña a pensar, sino a acatar. De la que no salen intelectuales, sino capital humano. Una universidad de explicaciones vacías, de competitividad, de incentivos, de excel, de listas de faltas… Esa no es la universidad que quiero.

La universidad que quiero es una universidad de ideas. Es una universidad de despensar y repensar el mundo. De preguntas más que de respuestas. De diálogo más que de monólogos. De reflexiones más que de imposiciones. Una universidad que tenga en cuenta lo que no gravan los precios de mercado: la naturaleza, la explotación, las desigualdades. Que enseñe a las jóvenes y no tan jóvenes mentes a “echar los frenos de emergencia” de la historia, como sostenía Walter Benjamin. Una universidad sin segregaciones ni por sexos ni por condición económica, simplemente para todos, y de la misma calidad. Esa es la universidad que quiero. Una universidad para el buen vivir, para el bien común. Una universidad para la emancipación social.

Ahora que un cuatrimestre acaba, desde A la mar fui por naranjas queremos dar gracias a una universidad que está apunto de ser privatizada porque no encuentra dinero para financiarse. No, no hay dinero. Y el que esté pensando en los millones de Bárcenas y los anteriores tesoreros del PP, que haga como que no ha visto nada. Que esos millones ni tocarlos. Sí, vale, es cierto, con ese dinero podrían financiarse prácticamente todas las universidades del país durante varios años. Pero esos millones ni tocarlos.

También queremos dar gracias, muchas más gracias aún (pero éstas en serio), a profesores de la inalcanzable talla de J.C. Monedero. Con profesores así, uno se da cuenta de lo mucho que le queda por aprender, pero también de que aprender es bello. Con profesores así, uno se da cuenta de que para solucionar un problema no basta con chasquear los dedos, y que, por el contrario, es necesario complejizarlo todo, ver lo que los demás no ven, convertirnos en “pesimistas esperanzados”. Con profesores así, uno crece, crece mucho, y crece bien.  Uno crece, y nunca pierde las ganas de seguir creciendo. Con profesores así, uno aprende de monos antropoides, cierto, pero es que además acaba aprendiendo también lo necesaria que es la biología, la primatología, la neurobiología o la sociobiología para entender el capitalismo y la modernidad. Y para articular un futuro mejor. Con profesores así se construye, en definitiva, la universidad que realmente quiero.

Porque la universidad que quiero no es la que me hace brindar con vino por la Constitución del 78, no. Es la que, en vez de hablarme de brindis, vino y constituciones, me habla de monos antropoides, nidos de pájaros y bonobos.

Hay cosas que no son grises. O son blancas, o son negras. Y si me dan a elegir entre una universidad mediocre integrada por mediocres o una universidad de calidad integrada por auténticos profesores… si entre lo que tengo que elegir es entre vino o monos… la decisión ya está tomada.

Por Rubén Gutiérrez

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6 thoughts on “¿Vino o monos?

  1. Pingback: Porque compartir lo que sabemos es un regalo incalculable | Comiendo tierra

  2. Rubén dice:

    Aunque personas vocacionales, intelectuales y generosas como Juan Carlos Monedero no necesiten palmaditas en la espalda para saber que su actividad y activismo hacen crecer la esperanza de muchos corazones por un mundo mejor, respuestas de este calibre, realizadas por un alumno suyo además, seguro que hacen que se potencie su fuerza y se extienda en más direcciones.

    Enhorabuena!

    • Muchas gracias por tu comentario, es muy cierto todo lo que dices¡ Por otra parte, esta entrada no es solo un agradecimiento a este profesor por haber sido prácticamente el único en fomentar en todo un cuatrimestre el pensamiento crítico, y mucho menos un agradecimiento en forma de “palmadita en la espalda”, es además, y sobre todo, una apuesta por otro modelo de enseñanza.

      Seguimos en contacto¡

  3. Alberto. dice:

    Comparto todo lo que dices. Yo no soy de Madrid, soy de Sevilla, pero sigo al profesor Monedero a través de sus libros e internet. Yo también quiero una universidad como la que tu quieres.
    Saludos compañero.

  4. DHC dice:

    Es una tradición de nuestro querido profesor, beber vino para celebrar el aniversario de la CE.
    A saber qué hubieras escrito si Fraga hubiera muerto este año y os hubiera “sugerido” poneros de pie y guardar un minuto de silencio por él.
    Siempre hay cosas peores 😉
    Aprovecha las clases con Monedero (aunq creo q ya acabaron), lo echarás de menos el año que viene.

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