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Anonimato

No encuentro la paz en esta ciudad de máquinas, ruidos e insomnio. Durante el día, las escaleras mecánicas chirrían, y voces y carcajadas irrumpen en mi cabeza como una abalancha, muy fuerte, muy rápido. Todo va muy rápido. El Metro circula a millones de años luz. Y me angustia pensar en lo mucho que se parece este lugar a un hormiguero: hipnotizadas por el trabajo, las hormigas se desplazan a gran velocidad bajo la tierra para seguir trabajando. Durante la noche, siempre incertidumbre. Inseguridad. En cada acera, en cada esquina. No puede saberse quien acecha. Miedo, siempre miedo. Miedo y desconfianza. Y  anonimato. Vivo en el anonimato. Todos vivimos en el anonimato. En la Colmena de Cela. Olvido, cada noche al irme a dormir, todas y cada una de las miles de caras que he visto durante el día. No son gentes. No son vidas. No son más que eso, caras. Rostros vacíos. Retratos. Retratos anónimos. Y, si acaso trato de buscar explicación alguna, me pierdo entre las páginas de un libro, y, por cada intento de respuesta, me surgen diez nuevas preguntas. Pero no hay tiempo. Ni espacio. Solo estoy, yo, aquí. No me encuentro ni conmigo, ni con nadie. Invisible, impersonal, desconocido. Anónimo una vez más. Ni aunque me tuvieras delante de tus ojos me verías.

Por Rubén Gutiérrez

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En el mundo de las contradicciones

Libro Liria

Viñeta del libro "Educación para la Ciudadanía. Democracia,
Capitalismo y Estado de Derecho", de Carlos Fernández Liria.

La izquierda, de repente, ya no es una izquierda obrera y revolucionaria, sino que es una ‘izquierda caviar’. Víctima, quizás sin saberlo, de la “tentación de la inocencia”, le diría Bruckner a Strauss-Kahn, éste último ex-director del FMI implicado en casos de desvío de fondos y de abusos sexuales, a la vez que miembro del Parti Socialiste. Y la burguesía, ya no es una burguesía opresora e individualista, sino una ‘burguesía bohemia’. E incluso Buffet, el tercer hombre más rico del mundo, asume la lucha de clases, mientras gran parte de la izquierda cree que eso es algo que terminó en el siglo XIX. Y el anarquismo, de repente, es ‘anarcocapitalismo’. Y el ecologismo, ‘ecologismo de mercado’.

Ahora la presidenta de las Nuevas Generaciones del PP dice que “entiende a los del 15M, claro, pero que ella es más de trabajar que de gritar”. Y Zaplana, un ex-diputado del mismo partido confesaba que “estaba en política para forrarse” y, junto a otros muchos diputados, tributa en paraísos fiscales. De hecho, los más patriotas no son los de las ONG y los más solidarios con los demás paisanos, sino los que tienen sus fortunas fuera del país, viven en mansiones, y no mueven ni un dedo por los 6 millones de parados y los que tienen que rebuscar en los contenedores de basura. Sin importar si nos referimos al Partido (im)Popular, al Partido (presuntamente) Socialista, e incluso, por desgracia, a IU (Carlos Penit, Rodrigo Torrijos, Moral Santín…).

De repente, la policía abusa de los ciudadanos a las que se supone defiende; en Televisión Española ya no está Anita Pastor; Hugo Chávez, ese gorila rojo dictador, gana más elecciones que su majestad el Rey de España.

Y tú, ¿porqué luchas? ¿Por ficciones o por hechos? ¿Por hechos o por ideas? ¿Por ideas o por marcas? ¿En la trinchera o en la biblioteca? Ten cuidado. Que en el mundo de las contradicciones, todo tiene cabida.

Por Rubén Gutiérrez

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