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Siglo XXI

Sé que desde hace tiempo te planteas cuestiones que te superan, que son más grandes que tú, que tus propios pensamientos, y que te has dado cuenta de que el mundo es tan complejo que jamás alcanzarás a comprender qué energía lo mueve. Sé que no han sido pocas las noches en las que te has ido a dormir queriendo mandar a la mierda a todo este mundo que, crees, no te entiende. Y por eso te refugias dentro de tí. Porque solo dentro de tí encuentras esa luz que, cada vez que intentas compartir con alguien, se apaga. Y pierdes las ganas, las fuerzas, la energía, e incluso, en infinidad de ocasiones, hasta esa luz. Huimos todos de todos. Nos consumimos cada uno en nuestro rincón.

Sé también que te sientes solo. Y que la felicidad que a veces crees sentir no es más que el intento de compartir esa llama, que calienta tanto pero, joder, se apaga tan de repente. Fuera todo está frío. Escrito. Programado. Las calles, las palabras huecas, las sonrisas vacías, las miradas perdidas… siempre tan frías. Se apaga la llama.

Pero, en mí, puedes confiar. Y créeme cuando te digo que no estás solo. El sol, radiante, cuando lo ves, lo ven otros también. Las estrellas, parpadeando en la noche. El cielo, inmenso. El mar, pidiéndote un baile. Esa retroalimentación que solo consigues con la naturaleza, sabia como es. Pero las sombras, el viento cuando sopla muy fuerte… otros lo ven también. El vacío, el abismo, escalofriante, da vértigo. Y otros lo ven también.

Cientos de miles de almas vagando, incomprendidas, como tú, buscando otra alma sobre la que volcar, con la que compartir, esa angustia. Que te vea, allí donde las luces obligan a cerrar los ojos; allí donde la oscuridad lo hace desaparecer todo. Que te perciba. Que te haga ser, vivir sintiendo. Que te mire y te vea, pero no como siempre te ha visto y como siempre has vivido: anónimo.

Si dijera lo que tú dices; si hiciera lo que tú haces; si viera lo que tú ves. Si pudiera hacerte saber con total certeza que te ve, a tí, anónimo como hasta ahora has sido, pero tan dispuesto a dejar de ser para ser más.

Ahora te lo escribo yo; quizá mañana alguien te lo diga; tal vez otro te lo cante; o puede que te lo entregue. Acéptalo; escúchalo; léelo. Y créeme cuando te digo que no estás solo. Aunque no exista código, canal ni señal válidos, o estén corroídos por el pasar de los milenios.

Alienado, recuerda, no impuro ni contaminado. Alejado, asfixiado por lo externo. Incomunicado de por vida, recuerda…

Pero nunca solo.

Por Rubén Gutiérrez

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