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Risto Mejide o la mona vestida de seda

Circula estos días por la red un artículo escrito por el popular Risto Mejide. En dicho artículo, el mediático presentador de programas como Operación Triunfo o Tú sí que vales, con la concisión que le caracteriza, expone una serie de ideas bien claras y contundentes con respecto a la actitud que considera que deben adoptar las personas dada la situación actual de paro insostenible.

Lo que propone Risto en su artículo es, básicamente, que no esperemos a que nos den nada hecho, que dejemos de “buscar” trabajo y comencemos a “crearlo” nosotros mismos, o que exploremos nuestras habilidades y tratemos de que alguna de ellas pueda ser “recompensada” en el mercado, entre otras cosas. Sin duda, hay varias ideas claves que debemos tener muy en cuenta en nuestra vida laboral, además de en lo personal, como son la iniciativa individual, la fuerza de voluntad, la perseverancia, etc. No obstante, lo que dice no es en realidad nada nuevo. Al final, sus propuestas, además de vagas y ambiguas, terminan reduciéndose a ser emprendedor, invertir en I+D+i, en publicidad, etc.

Ahora bien, al hilo de esto, hay una pregunta que considero conveniente que nos hagamos, y es la siguiente: ¿quién, a día de hoy, sigue perpetuando un sentido común que lo que hace es impedir que pensemos en otros términos distintos a los que hemos venido pensando sobre todo en los últimos siglos? El lema que siempre ha orientado el capitalismo es “piensa mal y acertarás”. Y lo que yo me pregunto es si el “consejo” que Risto ha divulgado a través de la red con su artículo no es un ejemplo más de esto que digo: de seguir apostando por un pensamiento acotado por  la ilusión del “Progreso” y la “Modernidad”; de seguir apostando, en definitiva, por seguir pensando mal.

Díaz Ferrán, ex-presidente de la patronal, está hoy detenido por blanqueo de capitales. Pero durante muchos años ejerció gran influencia y marcó buena parte de la política económica española, llegando a decir aquello de que para salir de la crisis había que “trabajar más y cobrar menos”. Hoy Risto Mejide nos da un consejo aunque, aclara, “nadie se lo haya pedido”. Y no diré que no está en su derecho a dar su punto de vista (un punto de vista, ya digo, del que se puede extraer muchísimo positivo). Lo que digo es que, aunque nadie se lo haya pedido, está en una posición ventajosa a la hora de hacernos llegar su opinión, pues, no por casualidad, forma parte (y además, parte esencial, por las altas cuotas de pantalla que logra) de esos medios de comunicación privados de nuestro país que llenan de basura (lo que ellos llaman “entretener”) la cabeza de millones de personas.

No hay que olvidar que Risto es también licenciado en Dirección de Empresas y profesor de la asignatura Comunicación y Publicidad. Ya escribimos hace varias semanas en el twitter de A la mar fui por naranjas que todos los publicistas deberían estar en la cárcel. A Risto no lo encarcelaremos, pero sí le objetaremos varias cuestiones.

En primer lugar, no podemos pretender salir de esta crisis con el mismo sentido común con el que hemos entrado, y no me refiero tanto a la crisis económica y financiera como a la moral y medioambiental. Hoy los consejos no vienen de filósofos o politólogos serios, abundantes en nuestro país pero silenciados (aunque, a mi parecer, cada vez menos) por los medios de comunicación de masas. Vienen de personajes públicos mediáticos como Risto (un publicista), que, como decía, son un lastre para un cambio verdadero en el sentido común dominante.

Y digo que el sentido común con el que hemos llegado a esta situación no puede ser el mismo con el que salgamos de ella porque, lo que Risto propone (con grandísima aceptación, además, por parte de los lectores) no termina de superar esa lógica mercantil-productivista que da un único sentido a la vida humana, el de vivir para producir: lo que sugiere es, a grandes rasgos, que, a falta de empleo, fabriquemos nuestro propio empleo y seamos autónomos innovadores (habría que ver qué se entiende por innovar, en qué dirección se pretende innovar). En otras palabras, lo que está planteando, le guste o no, consciente o inconscientemente, es que sigamos explotando, pero en vez de explotar a otros empleados, nos explotemos y nos demos con el látigo en la espalda a nosotros mismos. Lo que Risto denomina eufemísticamente “diseñar nuestra propia vida”, es decir, tener la capacidad de decidir cómo autoexplotarnos. Pues, en última instancia, tendremos que seguir compitiendo en un mercado cada vez más exigente. Lo que en realidad estamos constatando entonces, es que hemos terminando de asumir aquello que decía Marx de que “el capitalismo es un sistema de prostitución”.

Por otro lado, como el propio Risto admite dentro de su concepción utilitarista del mundo, tenemos que explorar nuestras habilidades, pero sobre todo, aquellas que puedan ser “recompensadas” en el mercado, aquellas que puedan ser mercantilizadas. Aquellas de las que podamos extraer algún tipo de beneficio. Queda suficientemente claro aquí que lo que se plantea no es otra cosa que una huída hacia adelante. Pero, mal que nos pese, el reto que hoy enfrentamos es de mayores dimensiones, por lo que no puede abordarse solo desde el punto de vista desde el que Risto lo aborda.

El mundo tiene que comenzar a medirse con otros parámetros. En el discurso de Risto hay un planteamiento muy de fondo que vale la pena traer al primer plano, y es que pretende que, cambiando los medios, llegemos al mismo fin. Cuando lo que hay que cambiar es precisamente eso, el fin.

No solo tenemos que aceptar que el PIB, en tanto que indicador que tiene únicamente en cuenta el crecimiento económico, ya no nos sirve. Es que tampoco nos sirven las pautas de comportamiento humano a las que ese crecimiento desenfrenado ha dado lugar, subordinando a esa lógica productivista tanto al ámbito del trabajo, como al de la política, al de la educación, e incluso, al de las relaciones humanas, contaminando prácticamente todos los círculos en los que se mueven las personas: la familia, la amistad, el amor,…

Por todo esto, la causa por la que todos deberíamos ponernos en movimiento es la construcción del “hombre nuevo” (esbozado, entre otros muchos, por Ernesto Che Guevara). Un hombre con unos objetivos vitales radicalmente distintos a los que han marcado hasta ahora su propia existencia. Un hombre que, al igual que la economía, la política o la educación, se mida usando otras variables distintas.

Y es que, si volvemos a soñar, como en el pasado hicimos, con tener un yate, tres apartamentos, dos coches o con veranear en la luna, estaremos de nuevo tratando de cumplir las falsas promesas del “Progreso”. Y, en un momento en el que nos toca decidir si caminar bien o si seguir cojeando en la mala dirección, creo que toca reflexionar, aprender, y comprender que ese “hombre nuevo” empieza en cada uno de nosotros y nosotras.

En ese sentido, es innegable que del artículo de Risto se deben extraer varias reflexiones positivas. Pero no perdamos de vista que lo que en él se propone son salidas individualistas, que de ningún modo atacan a la raíz del problema. No podemos seguir jugando, como Risto sugiere sin decirlo, al “sálvese quien pueda”. Es hora de reinventar el mundo, por mucho que suene a tópico. Ese “hombre nuevo” del que hablaba necesita de otras formas de relaciones sociales no basadas en la competencia, las salidas individuales, la estratificación y la exclusión social, etc.

Sabemos que ante situaciones de “shock”, tendemos a tomar por bueno cualquier grito de desesperación con el que nos sintamos identificados. Y este grito no es el primero de Risto (hace poco también arrasó en las redes sociales con el “Hasta la polla” o el “Largaos”). Con esto quiero decir que, aunque el mensaje de un discurso se camufle entre el odio y la indignación, es obligación nuestra no bajar la guardia y recordar: “aunque la mona se vista de seda… mona se queda”. Y lo que Risto aprovecha para ocultar entre tanta rabia es más de lo mismo, el mismo pensamiento único, el mismo sentido común productivista… pero vestido de seda. Y, aprovechándose de la indignación y la desesperación social, ya triunfaron también los fascismos o ya ha triunfado en Italia el Movimiento 5 Estrellas.

Sin entrar a juzgar cuándo los fines son buenos y cuándo no (no toca ahora), sí considero que deberían ser más de recibo las reflexiones y las propuestas argumentadas (aunque la propuesta sea privatizar todos los servicios públicos, abolir el Estado, incendiar el Congreso, o secuestrar a diputados y a alcaldes) que panfletos agitadores que solo buscan despertar emociones y que nunca conducen a buen puerto. En Kaosenlared tampoco han tardado mucho en contestar al artículo de Risto Mejide.

Por Rubén Gutiérrez

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Fragmentos, Manu Navarro, Uncategorized, Viajes

Fragmentos (l)

Me había iniciado en aquel viaje de una manera totalmente ilusoria para convertirse en una realidad, todo lo que antes había leído, todo lo que antes me habían contado, todo lo que antes había fumado y escuchado, comenzó a tomar forma. Algo empujaba de mi pecho, era un juego, un tira y afloja que me sacudía repentinamente. Era el mejor baile que había danzado, la borrachera más peleona, los pasos más agigantados que había dado desde hacía mucho, mucho tiempo. Mis demonios comenzaban a irse, mi culpa se iba diluyendo en lo más profundo de mi ser, estaba empezando a existir. Era una bala acabada de explosionar, directa, precisa, enérgica, una bala que no conoce su final.

 

Por Manu Navarro.

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