Ruben Gutiérrez

Nuestro hilo rojo

No te escribo para pedirte que vuelvas. Ni para que sepas que pienso en tí. Ni tampoco para que, si me contestas, me digas si tú piensas en mí o no. No pretendo en realidad nada. Esto que ahora lees, solo es el resultado de saber que no está bien que piense en tí, y sin embargo, pensar en tí… de saber que no está bien que te escriba, y sin embargo, escribirte.

Si supieras lo incontrolable que me he vuelto desde que vivo con esta espina clavada en el corazón, desde que esta sensación oprime mi pecho y me hace explotar a veces, si no te tengo a mi lado. Si supieras que lo único que quiero decirte ahora es que, aquí, donde estoy, me sobra todo y me falta solo una cosa: tú.

La distancia hoy sí duele, duele más que nunca. Duele porque sé que esta vez no hay reencuentro, ni final feliz. Duele porque esta vez toca callar y seguir, sufrir en silencio esta carga que cada vez pesa más. Si hace no mucho nos bastábamos simplemente el uno al otro, y nos sobraba el aire, el alimento y todo lo que no fuera la compañía del otro, ¿cómo se supone que debo afrontar ahora esta triste vida sin tí? Cuando tú estabas, yo era un foco de energía y de calor; ahora, allí adonde voy las flores se pudren y marchitan.

Cuando caminábamos de la mano por la orilla de aquella playa, y el agua mojaba nuestros pies como si fuesen raíces y nosotros las plantas. Cuando tú me miraste. Cuando me miraste a los ojos, y al alma, con esa sonrisa que ahora al recordarla corta mi respiración y me hace derrumbarme en un baño de lágrimas. Cuando no éramos dos, cuando éramos solo uno. Ojalá el tiempo se hubiera parado ahí. Ojalá volver atrás y vivir una y otra vez cada momento juntos. Ojalá exprimir una y otra vez cada segundo contigo hasta obtener la droga más potente y placentera que se haya creado jamás, para, ahora que no estás, tener algo que me dé un poco de vida.

Si supiera al menos enfrentar esta asfixiante paradoja de necesitar correr en tu búsqueda, pero tener que dejarte tu espacio. De quererte aquí conmigo, pero aquí conmigo solo tener tu ausencia. De saber que no está bien que esté pensando en tí ahora, y sin embargo pensar en tí, que no está bien que te escriba, y sin embargo escribirte.

Pero sé que nunca aprenderé a vivir sin tí. Por eso, lo único que se me ocurre decirme es que en realidad tú ya no me necesitas. Ahora tienes mi recuerdo, que vale mucho más que yo. Sobre todo que este “yo” que es solo un envoltorio vacío, porque, desde que no estás, no tiene nada que envolver.

Que pasen los días, que pasen los meses, que pasen los años. Que el viento haga caminar a las dunas de arena. Que las olas recorran los océanos. Y que llueva, que llueva incesantemente hasta que, cansados de buscar otros refugios, comprendamos que no somos nada el uno sin el otro, que no podemos existir sino es juntos.

Dicen que, cuando conoces a la persona con la que quieres pasar el resto de tu vida, lo único que deseas es que el resto de tu vida empiece cuanto antes. El resto de nuestras vidas comenzó cuando nuestros caminos se cruzaron. Y aunque nuestros planes, después, se torcieron… aunque nuestro guión, después, se rompió… nada hará que dude ni un solo momento de que el mundo nos tiene reservado algún momento y algún lugar en el que, tras mucho esperar, volveremos a ser nosotros. Algún momento y lugar en el que el hilo rojo que siempre nos ha unido, nos volverá a acercar.

Y cuando eso ocurra, entonces, créeme…

… no permitiré que nada vuelva a separarnos nunca más.

 

Por Rubén Gutiérrez

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