Ruben Gutiérrez

Cambio (I)

El maestro apareció cuando el alumno estaba preparado. Decir que esto se debió a que “los planetas se alinearon” no es quizás decir ninguna locura. Pues al fin y al cabo, todos formamos parte de algo superior, de un todo en constante reordenación.

Depende de nosotros creer o no en la coincidencia. Pero es imperativo moral no resignarnos: asumir que la coincidencia no existe, que lo que existe es la ilusión de la coincidencia. Al aceptar esto, reconocemos a nuestro propio Ser.

Supone un pequeño reajuste en la lente con la que nos vemos a nosotros mismos en el cosmos. Un pequeño matiz, pero un grandísimo cambio, tan vital como subestimado, en nuestra predisposición.

Cuando una etapa se cierra, otra se abre. Que cada nueva etapa sea mejor que la anterior, dependerá en gran medida de la predisposición ante las nuevas circunstancias. Circunstancias que uno nunca decide, a diferencia de cómo afrontarlas para incidir en ellas.

Llegado el momento, hasta mí llegaron todas las cosas que mi pensamiento había proyectado antes, o que quizás en otras vidas pasadas determiné que en esta, y en este determinado momento, llegarían.

El maestro solo aparece cuando el alumno está preparado. Cuando este está predispuesto al gran Cambio espiritual.

Es cuando esto ocurre cuando dejamos de hablar de un cambio cualquiera en la actitud, y empezamos a hablar de un verdadero cambio en cómo Somos. Un cambio en la cantidad de nuestra luz que nos permitimos proyectar al exterior.

Cambiar mi predisposición hacia unas circunstancias que siguen siendo las mismas, me permite irme desapegando de todo cuanto me ha mantenido siempre poseído. Practicar el desapego no significa que tú no debas poseer nada, sino que nada te posea a ti. Así pues, si conocimiento es aprender algo cada día, sabiduría es desapegarse de algo cada día…

Y, ciertamente, nunca la naturaleza dice una cosa y la sabiduría otra.

Reconocer a mi Ser más elevado me permite comprender lo finito de mi existencia terrenal. Pero también lo infinito de la existencia de mi Ser más profundo.

Es la aceptación de esta infinitud la que me llena de gratitud. Mi predisposición ha cambiado y me cambia a mí cada día, aunque yo siga Siendo siempre el mismo. Permitirme Ser es lo mejor que me puede pasar.

Gracias, Tiempo.

Gracias, Vida.

Gracias.

Por Rubén Gutiérrez

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