Manu Navarro

La avalancha

Solo buscaba un pedazo de normalidad en todo aquel caos, alguna migaja con la que conformarme, pero aquello no era posible, todo el desorden provocado por aquella avalancha había inundado mi secreto cubículo. No quedaba salvo aquel roído hueso, eso y nada más. Para llenarlo haría falta tiempo, el tiempo suficiente como para llenar un lago, el tiempo suficiente para completar el ciclo lunar. Estaba embriagado con una cantidad excesiva de información indeseable, ni si quiera el periodista más avispado podría separar tanta cantidad de información, porque esta amigos, es peligrosa. La avalancha, como la llamé aquel día, no era si no un cúmulo enorme de datos aún sin resolver y que nunca serán resueltos.

Me lastimaba perder el tiempo de aquella manera, pero pronto me di cuenta de que todo lo que ocurría era normal. Todo se repetía en aquellas personas a las que iba conociendo, primero te saludaban y luego a tus espaldas pegaban un resoplido. Ninguno quería mover el culo, solo hablar de aquella porquería, la avalancha, siempre la avalancha. Yo aún no me sentía preparado y evitaba el tema, así que entre aquellas personas y yo se extendía un largo silencio. En realidad era una huída, la mejor escapatoria posible, por eso el silencio era mi mejor amigo, no era para nada algo indeseable, como esos silencios de ascensor en los que uno se dedica a mirar el suelo. No, yo miraba fijamente a los ojos y transmitía aquella vibración de la que solo yo me sentía capaz de transmitir. Eran momentos de gloria, ganaba la batalla en un microsegundo, un microestado de bienestar me recorría el cuerpo, pero luego la avalancha volvía y me sacudía de nuevo, y de nuevo tormenta, porque después no había calma, solo vacío.

Por Manu Navarro

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Viaje Interinsular


En aquel vuelo interinsular de media hora, tiempo justo para pensar en lo mínimo, me imaginé la historia de Mateo, un tipo que vuela en un pequeño avión, el tipo no  para de echarle miraditas a la azafata, le parece digna de admiración en aquella media hora que dura el viaje, la azafata le entrega unos maníses y un vaso de agua, luego le da una servilletita con olor a limón, está compuesta de un tejido muy extraño, con ella Mateo se limpia las manos y al olerlas  imagina  la ficticia relación que mantuvo  durante cinco años con ella , recuerda los planes de futuro, los países visitados, las discusiones por  largas ausencias,  las noches en hoteles de oferta y el vestido azul que tanto le agrada.

Cuando la azafata se acerca para recoger la servilletita con olor a limón, Mateo niega rotundamente entregarla, incluso su compañero de butaca echa una amenazante mirada, la azafata sorprendida por el acontecimiento sigue recogiendo  servilletas de los demás viajeros. Mateo se baja del avión con la servilletita en el bolsillo, a los meses el olor a limón se ha evaporado.

La azafata pasó a mi lado para recoger la servilletita con olor a limón en aquel vuelo interinsular de media hora en el que tuve el tiempo justo para pensar lo mínimo, la miré y ella me miró, y  en sus ojos Mateo me vio a mí, pero el olor de mi servilleta duro una vida.

Por Manu Navarro.

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Fragmentos (l)

Me había iniciado en aquel viaje de una manera totalmente ilusoria para convertirse en una realidad, todo lo que antes había leído, todo lo que antes me habían contado, todo lo que antes había fumado y escuchado, comenzó a tomar forma. Algo empujaba de mi pecho, era un juego, un tira y afloja que me sacudía repentinamente. Era el mejor baile que había danzado, la borrachera más peleona, los pasos más agigantados que había dado desde hacía mucho, mucho tiempo. Mis demonios comenzaban a irse, mi culpa se iba diluyendo en lo más profundo de mi ser, estaba empezando a existir. Era una bala acabada de explosionar, directa, precisa, enérgica, una bala que no conoce su final.

 

Por Manu Navarro.

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Paisajes en construcción (l): Vistas a la megalópolis.

Un paisaje que se  repite últimamente en mi cabeza , un doceavo, un último  piso en  un viejo edificio de los años 80, en él hay una pequeña terraza a la que se accede por una vidriera de cristal. No hay nada en este espacio, solo una barandilla que te separa de la tierra firme al más hondo vacío. Cuando te asomas y miras al frente te das cuenta de que son las vistas al nuevo milenio, la megalópolis de neones. En esta panorámica hay enfrente de ti una autopista, coches que transitan, diminutas vidas humanas que pasean bajo tus pies. A la izquierda hay dos edificios muy altos, las luces de sus habitantes están encendidas, en las cumbres reposan grandes antenas y carteles de bancos , roídos por el paso del tiempo. Se oye el movimiento de miles y miles de ciudadanos que van y que vienen de un sitio a otro, el tránsito salvaje. Vistas privilegiadas de una nueva época, adiós jardines de Versalles, adiós torre Eiffel, adiós, adiós, hola nuevo mundo. Son  vistas a un mundo de redes, hiperconexciones, alteregos,  dictaduras democráticas, vistas a  las segundas y terceras generaciones de inmigrantes, vistas a los monobloques habitados por jóvenes, vistas a desempleados y desahuciados quemándose a lo bonzo, vistas al trabajo precario. No son las vistas de la posmodernidad, ni de la globalización, eso quedó atrás, hace mucho, mucho tiempo. Son las vistas de un nuevo mundo en cambio, de un mundo en quiebra.

Por Manu Navarro.

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Comunicado: Abolición de la navidad cristiana y del christmas yankee.

Hoy  queda abolida la navidad. Un grupo de armados ha capturado al magestísimo rey Juan Carlos I de España, el detenido ofreció resistencia a la hora del arresto, pero las fuerzas del orden lograron reducirlo, acto seguido y una vez capturado el rebelde se le ha hecho firmar un tratado por  el cual se compromete a abandonar su labor mandataria. En uno de los apartados de la negociación bilateral se establece que la navidad, como término cristiano, queda abolida en todas sus vertientes, ya no será posible instalar el belén, todo artículo de similar temática será retirado de los establecimientos que distribuyan dicho material. Además, en lo respectivo al acuerdo se ha establecido un margen para que todo producto de importación estadounidense, cualquier barbudo rojiblanco, cualquier promoción de la conocidísima “coke” sea penalizado. Así es como la navidad cristiana y el christmas desaparecen de nuestro país, liberando a los ciudadanos de nuestra democracia de una gran carga moral y económica que llevaba apresándolos desde tiempos inmemorables. En lo que refiere al rey, será trasladado a una cárcel de alta seguridad, dando paso a unas felices fiestas de la  Tercerca República española.

Porque yo también puedo soñar por estas fechas invernales.

Manu Navarro.

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