Opinión

De los Principios de J. S. Mill a la bala de Calle 13

Decenas de muertos en un bombardeo contra una panadería en Siria; diez niñas mueren al explotar una mina en Afganistán; Francia estudia una intervención militar en Malí; la Asociación estadounidense del Rifle pide, tras la masacre de la escuela infantil de Connecticut, combatir las armas con más armas

Éstos no son solamente algunos de los titulares de El País de esta semana. Es también la realidad.

Decía Calle 13 que cuando se lee poco, se dispara mucho. Quienes disparan, entonces, lo hacen porque no leen o leen poco. En ese caso, quienes sí leen… ¿dónde están? ¿y por qué permiten, tanto la violencia física de los disparos, como otras formas de violencia apenas perceptibles, pero que existen, como es la violencia estructural del mercado del sistema capitalista, que constantemente nos acosa y que también termina con tantas vidas? Es cierto. Cuando se lee poco, se dispara mucho. Sugiero entonces que leamos.

De las muchas lecturas que ahora mismo se me vienen a la cabeza a raíz de esto, una de las que quizás pueda ser más interesantes, es la de John Stuart Mill. Probablemente todos debiéramos leerlo, sí. La filosofía social es, esencialmente eso, social.

Mill nos dice que “cualquiera que sea la teoría que adoptemos sobre el fundamento de la unión social, y sean cualesquiera las instituciones bajo las cuales vivamos, hay alrededor de cada ser humano considerado individualmente un círculo en el que no debe permitirse que penetre ningún gobierno, sea de una persona, de unas cuantas o de muchas “. Mill afirma que cada individuo debe tener un “territorio reservado”, un “espacio que debe ser sagrado para toda intrusión autoritaria”. Dice, en definitiva, que “a todos debe estar permitido […] afirmar y divulgar, con toda la fuerza de que son capaces, su opinión sobre lo que es bueno o malo, admirable o depreciable, pero sin obligar a los demás a aceptar esa opinión”.

Esta reflexión la hizo un intelectual que nunca supo si era socialista o liberal, pero que no por ello renunció a plantearse hasta qué punto debía permitirse la intervención estatal o, en su defecto, el principio del laisser-faire.

Por otra parte, es cierto… Su obra, Principios de economía política con algunas aplicaciones a la filosofía social, por lo general, no suele caer en manos de cualquiera, sino más bien de gente especializada en el tema. Y quizás, solo quizás, por ello debiéramos comprender que aún haya quien no tenga interiorizado todo esto que J. S. Mill enuncia. Porque al margen dejamos el hecho de que esta reflexión se hiciera ya en el siglo XIX, lo que lleva a pensar que si hoy en día hay quien todavía cuestiona la conveniencia de que exista ese “territorio reservado”, esto es, de que cada individuo pueda elegir por sí mismo contraer un matrimonio con alguien de su mismo sexo, o si abortar o no, o si creer en una, en otra o en ninguna religión, etc., es porque todavía hay quien tiene una mentalidad que está atrasada más de doscientos años…

En todo caso, si bien es cierto que no todos tienen acceso a lecturas como ésta, con cierta complejidad, o, si se tiene acceso, muchas veces no se hace uso de ellas, no podemos decir que ocurra lo mismo con un periódico. O con un telediario. O, en última instancia, con el lenguaje mismo que hablamos (o que nos habla).

Volviendo a lo de los titulares de El País, también aparece entre los titulares de esta semana que Rajoy exalta la guerra asegurando que “si todos trabajásemos como nuestros militares”, que llevan más de una década luchando contra los talibanes, las cosas irían mejor; o que los más expertos del país en educación ya empiezan a pedir a los padres que sus hijos “aparquen el amor” y se centren en el trabajo; o, de forma sorprende (o no tanto a estas alturas), que Hollande dice a los “exiliados fiscales” que si aman a Francia, la sirvan… ¿Si todos trabajásemos como nuestros militares? ¿Que los hijos vayan aparcando el amor y centrándose en el trabajo? Y… ¿”exiliados fiscales”? No, si ahora va a resultar que la culpa de que las grandes fortunas francesas prefieran tributar en otro estado la tiene el gobierno francés, por eso se exilian y Hollande tiene que suplicarles que “sirvan a su país” y no a otro, despejando definitivamente cualquier duda sobre quién tiene realmente la capacidad de decidir y quién manda sobre quién.

Y así, no a través de grandes obras de pensadores, sino de periódicos y telediarios, se va logrando difundir un sentido común no solo entre la gente que no lee, sino también entre la gente que lee y que, precisamente porque lo hace, cree conocer. Sin darse cuenta de que lo primero que debieran conocer, es precisamente cómo conocen.

Hay quien, por no haberlo leído, no entiende aun porqué debe existir ese “territorio reservado”, ese “círculo alrededor de cada individuo” del que Mill, ya en el siglo XIX, hablaba. También hay quien ha leído tantas veces que hay daños colaterales, en vez de asesinados, o que hay exiliados fiscales, en vez de ricachones evasores de impuestos, que ya no le causa molestia que se asesine o que los ricos no contribuyan a las arcas públicas.

Cuando se lee poco, se dispara mucho, sí. Pero cuando se lee, incluso cuando se lee mucho, si se lee mal, se tienen además las justificaciones para que se dispare mucho. O para que se evadan  impuestos.

Y no me atrevería a decir quién es más responsable que quién.

Por Rubén Gutiérrez

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Eurovegas o cómo reiterar en el error

Eurovegas no ocurre porque sí. En un contexto en el que no terminamos de averiguar si, de la noche a la mañana, todo el dinero ha desaparecido, ha sido quemado o arrojado a un pozo, nada ocurre porque sí.

 Vivimos en un país cuyo gobierno repite a sus ciudadanos hasta la saciedad que “no hay dinero”, que “no hay alternativas” (y qué esperanzador es que al mismo tiempo se escriban, por romper estos tópicos, libros como “Hay Alternativas”, de los magníficos Vicenç Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón). Lanzando este mensaje una y otra vez, logran que vaya calando en la conciencia de los individuos la idea de que las cosas son como son porque las circunstancias así lo exigen, hasta el punto de que todo conflicto queda despojado de responsables, y acaba pareciendo que, en efecto, las cosas son así porque la naturaleza lo ha querido. Las circunstancias acaban siendo las únicas responsables.

 Lo que logran con esto es, en definitiva, justificar  que, por ejemplo, contra cualquier ética o principio, los hospitales no atiendan a los inmigrantes, siguiendo una suerte de apartheid sanitario. O se le deniegue el permiso de residencia a quienes no posean una casa por el valor de 160.000 euros. Como suena: si eres un Gao Ping, aquí tienes tu permiso de residencia español; ahora, si no vienes con dinero por delante, si no estás en la lista de los más ricos de Forbes, no eres bienvenido.

Vivimos en un país en el que miles de jóvenes ya no pueden estudiar una carrera porque, para pagar la matrícula de la universidad o del máster, tendrían que dejar de comer o de pagar el piso. Y en el que más de 926.000 menores de veinticinco años, casi un millón de jóvenes, están en paro y sin formación, muchos de ellos porque se dedicaron en su tiempo a la construcción, una actividad que, aunque ya ha demostrado ser improductiva, no parece habernos enseñado nada de cara al futuro (por lo que estaremos abocados a tropezar una segunda vez con el mismo ladrillo). Si Bankia pide 37.000 millones de euros, no hay problema, se sacan de donde sea. Si es en cambio la Universidad Complutense de Madrid la que pide 150 millones, es mucho, y como tenemos que ser austeros… Viendo en qué se invierte el dinero, es muy fácil darse cuenta de cuáles son las preferencias de la casta política actual.

Vivimos en un país en el que la mayoría de nuestros ancianos tienen que soportar, no solo el tener que mantener a uno o a varios hijos e incluso darles cobijo, sino además la congelación de sus pensiones y el re-pago, pese a lo reducido de su capacidad adquisitiva. En un país en el que cada vez cierran más centros para dependientes y discapacitados, e incluso algunos mueren por falta de cuidados. En un país en el que las empresas firman EREs y mandan a más gente al paro, aun cuando sus directivos  se embolsan sueldos astronómicos y el más listo se jubila con una pensión vitalicia nada desdeñable, quizás de millones y millones de euros.

En este país hay cinco millones de parados, personas de carne y hueso. Casi dos millones de familias que no perciben ningún ingreso. Más de 30.000 de españolas y españoles sin techo, viviendo en las calles. Gente sin casa. Casas sin gente. Un promedio de 500 familias desalojadas al día. Y todo esto, ¿en nombre de quién?

 Este es el país en el que vivimos. Y fuera, en el resto del mundo, las cosas no van mucho mejor.

 Decía, y creo no equivocarme, que Eurovegas no ocurre porque sí. Se pone en marcha en un momento en el que la situación tanto dentro como fuera del país es alarmante. Responde, en todo caso, a la forma de la que los gobiernos de occidente llevan organizando su economía desde los años 70 y 80, siguiendo cada  vez más a rajatabla los principios neoliberales: la no intervención del Estado (salvo cuando de socializar pérdidas se trata), la búsqueda del máximo beneficio, el crecimiento económico exponencial (que, como dijo Kenneth Boulding, recordemos, no es posible en un mundo finito), etc.

 En España, el asentamiento de este modelo coincidió con la salida del régimen franquista, que en cierto modo, nunca terminó de marcharse. Banqueros y patronal consiguieron mantener, tras la Transición, un trato de favor para que el sistema fiscal se hiciera a su medida y poder así rechazar, como históricamente lo habían hecho, los impuestos. Así, todavía a finales de 2006, tres décadas después del final del franquismo, el 0,0035% de la población española, controlaba recursos que equivalen al 80,5% del PIB, lo que demuestra que, incluso en la actualidad, no hemos logrado librarnos por completo de la herencia del franquismo.

 Al modelo liberal, por su parte, es inherente, además, la tendencia a polarizar a la sociedad, siendo cada vez menor el número de personas que tiene en sus manos la riqueza. En ese sentido, este megaproyecto no sirve sino para seguir profundizando en esa polarización, ya que no es otra cosa que un parque temático más del neoliberalismo, que dada la coyuntura de crisis en la que nos hayamos inmersos, aprovecha para engatusarnos y persuadirnos de que será la clave para salir de la crisis.

 Debemos, sin embargo, ser astutos y presuponer que, como hemos dicho anteriormente, estaremos tropezando dos veces con el mismo ladrillo si volvemos a apostar por actividades improductivas y olvidamos la industria, la agricultura, las energías renovables, el I+D+i,… y lo que es más importante, al conjunto de la población, que, como puede deducirse, no requiere precisamente de casinos y complejos turísticos a los que nunca tendrán la oportunidad de entrar y en los que probablemente no obtengan ningún puesto de trabajo.

 Hay que subrayar, no obstante, que Eurovegas no es el único proyecto que está puesto en marcha a día de hoy. Otro proyecto que se está llevando a cabo es Barcelona World, de la mano de Enrique Bañuelo, uno de los protagonistas de la burbuja inmobiliaria y hasta hace unos años tercera fortuna de España. Ahora bien, lo que si pretende ser Eurovegas, es la inversión privada más grande que se haya hecho en toda la historia de nuestro país, de la mano de  Sheldon Adelson, declarado judio sionista y detractor del derecho de los palestinos a un estado, además de primer financiador de la derecha estadounidense.

Desde que hace unos años el magnate Sheldon Adelson se interesara por extrapolar sus casinos de Las Vegas, Macao y Singapur a España, las comunidades de Madrid y Barcelona, candidatas a albergar el macroproyecto, se ensalzaron en una batalla para ver quien hacía de su comunidad la más atractiva a las inversiones extranjeras. Esta fue, sin duda, una de las razones que hicieron que desde el inicio España fuera la favorita de Adelson: la predisposición de nuestros hospitalarios políticos a cumplir sus demandas.

Y es que se mostraron complacientes desde un principio sin plantearse, con al menos un mínimo de seriedad, como ocurre por ejemplo cuando se organizan unas olimpiadas, que si la multinacional que pone las medallas es Río Tinto y cuenta con un récord de contaminación catastrófica y de violación a los derechos humanos y a la salud pública, quizás sería mejor hacer un ejercicio de responsabilidad y buscar otras vías más aceptables moralmente

Con Eurovegas ha ocurrido lo mismo. Como dijo, con gran acierto, Pablo Iglesias: “es muy curioso que esa derecha que los domingos va a misa, sin embargo, los sábados no tenga ningún problema en irse de putas”. Ahogados, como estamos, en este mar de desesperación del que parece que nos va a costar mucho salir (al menos si no cambiamos nuestra concepción del mundo), cualquier solución parece buena. Aunque sea solo un parche. O ni eso. Y es que, si analizamos lo ocurrido en Macao o en Singapur, comprobaremos como allí donde Adelson ha colocado sus complejos, se ha convertido en un foco de mafias, prostitución, blanqueo de dinero,…: en Macao ha sido denunciado por influir en el fujo de prostitutas hacia sus hoteles para atraer clientes; gracias a los agujeros en su legislación, ha conseguido asentarse la mafia, mediante la figura de los “junkets”, que operan en los casinos; Adelson ha sido, además, denunciado por blanquear dinero procedente del tráfico de drogas en México. Éstas son solo algunas de las muchas acusaciones a la octava fortuna de los Estados Unidos que han saltado a la opinión pública y que deberían hacernos dudar de las bondades del proyecto.

Como vemos, resulta muy difícil confeccionar un análisis objetivo sobre las ventajas y desventajas de la construcción de los complejos, ya que cada argumento tiene su doble cara. ¿Es acaso positivo el hecho de que, en teoría, se vayan a crear 260.000 puestos de trabajo (más allá de que esto suponga, como poco, cuadriplicar la plantilla de trabajadores que Adelson ya tiene contratados)?

 Si, como aseguraba David Forrest, investigador especializado en el mundo del juego, “los casinos del promotor de Eurovegas son un nido de empleados infelices”, llegando a ser los trabajadores del casino de Macao los más infelices con diferencia de toda la región, y, al igual que en Las Vegas o en Singapur, son los únicos que tienen prohibido afiliarse a sindicatos, no creo que sea un hecho positivo. Adelson tiene además la manía de contratar inmigrantes sin papeles para ahorrar lo máximo posible en salarios, y aquí, en el Estado español, ya ha pedido que se cambie la ley de extranjería. Por tanto, puestos de trabajo, sí, sin lugar a dudas, y más en la situación actual. Pero, ¿a qué precio?

En cualquier caso, es normal que Eurovegas, a toda esa oligarquía financiera que nos dirige, le parezca una inversión tentadora, sobre todo si el magnate del juego chantajea ligando el futuro de Europa al futuro del macrocasino, como ya lo ha hecho. Y es normal que, aunque Montoro saliera un 19 de septiembre insinuando que no se cambiaría la legislación tributaria española para favorecer “expresamente” a “ningún proyecto” (refiriéndose a Eurovegas), el día 27 del mismo mes, poco más de una semana después, abriera la vía para perdonar impuestos a Eurovegas. Queda, entonces, desde este punto de vista, desechada también la posibilidad de que Eurovegas mejore nuestras condiciones de vida porque no contribuirá prácticamente a incrementar las arcas públicas.

Debiera asustarnos (al menos a mí me asusta), que, como escribiera Javier Gallego, el presentador del recientemente cerrado programa de radio Carne Cruda, España se esté convirtiendo en “una mezcla de Guantánamo, Suiza y Las Vegas”. Camino de parecernos en los aspectos más negativos a cada uno de estos tres sitios, se podrá indultar, ya no solo a los Mossos d’Esquadra, si se considera oportuno, sino también a los promotores de Eurovegas, aunque incurran en faltas muy graves. Eso sí que es igualdad ante la ley. Y sobre nuestro posible parecido en un futuro no muy lejano con Suiza, el propio Adelson ha revelado que Eurovegas precisará de unas leyes a medida, y, cómo no, Esperanza Aguirre y su heredero (como si la sangre real corriera por las venas de ambos), Ignacio Gonzáles, han asegurado que harían todo lo posible.

En definitiva, todas las presuntas ventajas que parece traer consigo el megaproyecto Eurovegas, si las pensamos en frío, pierden sentido, y deben servirnos, en última instancia, para reflexionar sobre por qué modelo de sociedad estamos apostando. Decisiones como la de permitir fumar dentro de los recintos o la entrada a menores, deben también replantearse inmediatamente. De igual manera, debiera sopesarse si proyectos como Eurovegas son viables, no solo a corto y medio plazo, sino también a largo plazo, ya que en el caso concreto de Las Vegas, la crisis se ha dejado notar fuertemente. ¿Queremos seguir avanzando hacia una economía llena de puntos débiles, puesto que funciona solo cuando el sector servicios ofrece ingresos (y que en momentos de crisis, es el sector más azotado…)?

Quizás sea en este punto (en el pensar en las expectativas a largo plazo) en el que erradique el éxito de las futuras propuestas, pues, como bien sabemos, asistimos a una reordenación de una economía que sufre una crisis estructural. Por este motivo, es fundamental considerar este momento como el mejor para dar marcha atrás tanto a la construcción del macrocasino como a las demás actividades que realmente no son productivas para la economía real, y para comenzar a escuchar las propuestas de quienes no sólo vieron venir esta crisis, sino que además tienen recetas prácticas y viables que nos sirven para caminar, sin reiterar en el error, hacia un modelo económico que de alguna manera sea sostenible en el tiempo. Me refiero a la plataforma EurovegasNo, a ATTAC, a partidos con programas electorales realmente prometedores como es el de Izquierda Unida u otros partidos que han emergido en el resto de Europa, a los gobiernos socialistas Latinoamericanos,…

Por Rubén Gutiérrez.

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Galicia ha votado pasado

Las elecciones gallegas al Parlamento se producen en un contexto de fuerte agitación social. Se llevaron a cabo durante la misma semana, de hecho, numerosas movilizaciones, la mayoría de ellas estudiantiles. Por ello, estas elecciones anticipadas han funcionado principalmente como mirador de la política nacional, o al menos así se ha dado ha entender en los medios de comunicación españoles convencionales.

En primer lugar, se pasaba a examen al gobierno central por las medidas de austeridad que ha venido aplicando en este año, interpretándose el voto al Partido Popular como el respaldo ciudadano a sus políticas. En caso de no haber recibido tal cantidad de votos, se habría interpretado como una muestra del rechazo social de las políticas de recortes y, en consecuencia, del desgaste que ha supuesto para el Partido Popular haber aplicado estas reformas. Así pues, la ampliación de la mayoría del PP en Galicia da a entender que está en plena forma y preparado para elaborar unos presupuestos para 2013 que, según se prevé, estarán marcados por la ya notable carga de los intereses de la deuda, la fuerte disminución del gasto social y la renuncia, una vez más, a realizar un ajuste fiscal progresivo y equitativo. En todo caso, podría decirse que no ha sido el Partido Popular el verdadero ganador de estas elecciones, sino que realmente ha sido la abstención, que junto a los votos en blanco y los votos nulos suma 900.000 votos, 250.000 más que el partido de Feijóo.

En segundo lugar, la pérdida de votos del Partido Socialista vendría a confirmar la caída en picado que sufre desde las elecciones generales del pasado 20 de Noviembre y el traslado del voto del PSOE a partidos alternativos como Alternativa Galega de Esquerda que, de la nada, pasa a obtener 9 escaños, por encima del BNG. A esto hay que sumar, además, la pérdida de identidad del PSOE que se refleja en la petición de una de las exministras socialista para que Rubalcaba dimitiera.

Finalmente, el ascenso de Alternativa Galega de Esquerda supondría, por una parte, la canalización del voto de un electorado descontento con la falsedad del Partido Popular y la falta de alternativa del Partido Socialista, y por otra parte, la prueba de que la izquierda europea está logrando reorganizarse. Es muy importante, por tanto, la irrupción de la izquierda anticapitalista en el Parlamento, sobre todo si tenemos en cuenta que a AGE se le denomina también la “Syriza gallega”, y cuenta con el respaldo de la propia Syriza griega y del Front de Gauche francés.

Pero la victoria del Partido Popular en una Galicia históricamente conservadora, no ocurre por casualidad: los sondeos ya otorgaban esa mayoría absoluta al PP. Es preciso tener en cuenta que la población gallega es una población muy envejecida, lo que explica el hecho de que “los populares” facilitaran guaguas a ancianos y a miembros de la iglesia de Ourense para que fuesen a votar(les). Como en todas las elecciones, también ha sido decisivo el papel que los sondeos han jugado en la constitución final del Parlamento, pues las constantemente repetidas especulaciones sobre la victoria del PP han terminado, por sí solas, por dar la victoria al PP. Y dicho esto no está de más subrayar que los medios que más escaños daban al Partido Popular en esos sondeos eran, o los más conservadores (ABC o La Razón), o los medios en los que la Xunta inyectó durante 2010 más de 15 millones de euros (entre los que se encuentra, por ejemplo,  La Voz de Galicia). A esto hay que sumar, entre otras cuestiones, que el partido de Feijóo se ha saltado en al menos ocho ocasiones la Ley Electoral por un uso partidista del Gobierno en plena campaña electoral.

Esto es lo que explica que un partido representante de la estafa electoral y los recortes en gasto social, el mismo partido que adjudicó a dedo 1,4 millones de euros en contratos a la empresa de la que la hermana de Feijóo es apoderada, y el mismo partido que permitió brutales cargas policiales en uno de los mítines en el que afectados por las preferentes protestaron, se mantenga una legislatura más (hasta 2016) en el gobierno.

En definitiva, se abre una etapa en la historia de Galicia que vendrá marcada probablemente por la colaboración mano a mano con el Gobierno central, lo que con toda seguridad supondrá la aceptación de las imposiciones de más medidas de austeridad. Feijóo, aspirante junto a Alberto Ruíz Gallardón a posible sucesor de Rajoy al frente del PP, tendrá que “seguir haciendo los deberes”, como presume de haber hecho ya, y a la vez mantener tranquila la calle para que no le ocurra como al presidente del Gobierno, que ha visto compensada su forma de hacer política con una respuesta contundente de movilizaciones sociales.

El título de este artículo está tomado de este otro artículo de Salomé García.

Por Rubén Gutiérrez

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Dos extraterrestres

Sospechas confirmadas: el escritor peruano Mario Vargas Llosa es, además de uno de los más grandes y elocuentes escritores, un hombre alejado del pueblo y cercano a las élites del poder. Al menos así se deduce (o pude deducir) de la charla informal que dio en la ULPGC el pasado jueves 17 de mayo y a la que tuve la oportunidad de asistir. Sin ánimo de querer quitarle ni un ápice de mérito, pues es indiscutible que estamos ante un novelista y ensayista (aunque prefiero quedarme con lo de novelista) de renombre, sí debemos cuestionar, por una parte, lo apolítico de su Nobel, aspecto meticulosamente analizado por Jorge Vital de Brito Moreira para rebelion.org, y por otra, su condición de escritor comprometido con la sociedad.

Como es habitual en este tipo de charlas, las preguntas al autor fueron escasas y las respuestas extensas y llenas de retórica. Sin embargo, a pesar de lo pobre de las preguntas (que excepto una o dos fueron, en general, bastante poco ocurrentes), se pudo comprobar, a través de sus discursos cargados de contenido, que Vargas Llosa posee un amplísimo conocimiento del ámbito de la literatura, la filosofía o la historia. De hecho, acto seguido a la finalización de la jornada, me dispuse a apuntar todas las ideas que allí se habían expuesto antes de que éstas desaparecieran de mi mente.

En lo que fue la primera parte de la charla, la parte más didáctica en la que se habló sobre todo de la vida del escritor, no faltaron alusiones a Gustave Flaubert, a Arthur Rimbaud, al valenciano Tirant lo Blanch, a Jean-Paul Sartre, y a otros autores que han influído en el pensamiento de Vargas Llosa. La segunda parte del acto considero que comenzó cuando desde la calle varios jóvenes gritaron “¡No nos suban las tasas!” (en referencia a la decisión del Gobierno de Canarias de unirse a la subida de las tasas universitarias), queja que fue ignorada por casi todos, e incluso tomada como una falta de respeto por algunos. Poco después uno de los estudiantes grancanarios allí presentes formulaba una de las preguntas más atrevidas en referencia, precisamente, a esto, a la opinión del escritor sobre movimientos como el 15-M (opinión que ya el día anterior había transmitido a los medios de comunicación), el aumento del ratio de alumnos por clase o la subida de las tasas.

Fue tras esta pregunta cuando pareció como si un foco alumbraran directamente a la cara de Don Mario y del rector de la ULPGC, que se encontraba sentado a su lado. Ambos decidieron entonces rociarse con ese perfume que a todos nos recuerda al olor de los políticos y que tanto los aleja de quienes les escuchan. El novelista peruano ratificó una vez más, esta vez ante los estudiantes, que defendía los recortes en materia educativa, lo que resulta contradictorio con su apoyo incondicional a la inversión en educación y en cultura, de la misma forma que resulta contradictorio que profetice que las ideologías son, en palabras del autor, “la ficción en su expresión más extrema: una ficción maligna“, cuando el mismo militó en 1953 en el Partido Comunista Peruano, un partido con unas ideas bien diferenciadas de las que hoy Vargas Llosa defiende.

Pareció como si este foco del que hablo hubiese alumbrado con tanta intensidad a estos dos personajes que les hubiera cegado e impedido ver que estaban ante jóvenes estudiantes grancanarios, mentes críticas y hartas de la falsedad de sus gobernantes. Pareció como si Mario Vargas Llosa, junto al rector de la ULPGC, hablara en nombre de quienes manchan y hacen que se pierda la confianza en lo que hoy constituye el más grave problema para el progreso: la política. Pareció como si, de repente, dos extraterrestres no comprendieran donde ni ante quien estaban.

Al salir de la charla pude testificar que mi visión sobre el escritor no era equívoca. Caminando por las calles traseras al Parque Santa Catalina, me encontré con que la gente, sobre todo ancianos y no tan ancianos ociosos (era horario lectivo), veía en las televisiones de los bares de esta zona de Las Palmas como el escritor compadecía regodeándose de haber mantenido un encuentro con los universitarios y bachilleres grancanarios, cuando claramente es un personaje más que alejado de la realidad cotidiana de la gente de los pueblos y las ciudades. Además, se subrayaba en los medios una de las críticas que Vargas Llosa había hecho minutos antes junto a los jóvenes, lamentando que “la influencia de los intelectuales en la vida pública, si no ha desaparecido, es mínima“, logrando así proclamarse como un intelectual cercano al pueblo.

Quienes pudimos asistir a un hecho tan simbólico como fue que, mientras Vargas Llosa anteponía sus intereses personales defendiendo los recortes en educación, casi todos los estudiantes que le escuchaban negaran con la cabeza a la vez que se sentían defraudados por el escritor, sabemos que la realidad no es tal y como nos la presentan los medios de comunicación y que tras los discursos tan estéticamente cuidados del novelista peruano se esconde un guiño a quienes, concediéndole premios como el Nobel de Literatura, le acogen, le amparan y le patrocinan.

Por Rubén Gutiérrez

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