Ruben Gutiérrez

Jornada de reflexión: reflexionando sin hastags

“¿Os pensáis que la riqueza se crea con escraches y asambleas?”, decía Artur Mas estos días durante el cierre de campaña. No representa ya más que a un viejo paradigma que no termina de marcharse. Políticos que en realidad nos quieren despolitizados, pues cuando la política solo es “gestión técnica”, las opiniones sobran. Sin embargo, cuánta verdad, bondad y belleza puede haber contenida en una asamblea como para no encontrar en ella una gran riqueza.

Cuánto dista, por ejemplo, lo que significa la “riqueza” para la mayoría de nuestros (por poco tiempo más) representantes políticos de lo que significa para todas esas personas que hemos entendido que este planeta no aguanta más devastación. Cuánto bombardeo de mensajes, todos con una misma idea de fondo: vamos a volver al crecimiento, vamos a incrementar la capacidad de consumo, vamos a reactivar la economía…

Cuándo dejará el lenguaje de hablarnos a nosotros para comenzar a hablarlo nosotros a él. Cuándo, empoderados, dialogaremos sin necesidad de titulares, ruido mediático, sangre en platós, hastags… Cuándo los debates serán serenos, cuándo los hasta ahora representados serán los representantes de sí mismos, y cuándo los ataques al contrario serán reflexiones sobre lo que de verdad importa: cómo lograr que la sociedad esté Presente.

Presente en la política. Que no es el gobierno, como nos han hecho creer, sino la “definición y la articulación de las metas colectivas de obligado cumplimiento”, que es lo que de verdad significa la palabra “política”. ¿Será que el lenguaje ha estado todo este tiempo hablándonos? Y Presente también en el Ahora: una sociedad empática con su entorno, con las personas que sufren, con las especies a las que amenaza, con los ríos que contamina, con los árboles que tala…

Revolotea aún en el imaginario colectivo, sin embargo, la idea de que volveremos pronto a la prosperidad. Pero, desoyendo a Tim Jackson, esta “prosperidad” parece seguir siendo entendida como crecimiento, como creación de esa “riqueza” de la que habla el “político” Artur Mas. De nuevo palabras que creíamos entender, pero cuyos significados han sido truncados. ¿Habrán estado también las palabras gobernándonos sin nuestro consentimiento?

A veces la riqueza que anhelamos es la que deberíamos rehuir, y la que rehuimos la que deberíamos anhelar. Hay una riqueza que no merece este nombre, una riqueza que nos hace insaciables, caprichosos, cómodos, pero sobre todo, infelices. Hay otra riqueza, sin embargo, que no depende de cuánto puedas comprar. Esta riqueza no es otra que la que guarda cada uno dentro de sí. La que surge de compartir, de admirar una obra de arte o un paisaje, de poder disfrutar de un baño en el mar, de un respiro de aire limpio, de una buena noche con las personas a las que amas… de amar y ser amado, de conectar con el Todo. O la que surge de dialogar en una asamblea, pese a que Mas, siguiendo una lógica productivista (en honor, irónicamente, a su nombre) no lo entienda.

Nos robaron todo, hasta las palabras y el alma. Pero luchamos por recuperarlas. El reto no es ganar unas elecciones. El reto es encontrar una nueva fuente de sentido para la vida. Si las instituciones contribuyesen a que esta fuente sean los vínculos humanos y la reinsersión respetuosa en la naturaleza, el camino se allanaría. Pero si no lo hacen, que al menos no nos estorben a quienes queremos que así sea.

Hicieron de la política un show, un negocio. Dijeron que la felicidad podía medirse en función de la capacidad de consumo. Nos negaron la posibilidad de decidir sobre nuestro futuro y de organizarnos nosotros y nosotras mismas. Intentaron usurpar los espacios para la autogestión y el encuentro, dejándonos solo campañas de hastags y jornadas de irreflexión. Se adueñaron del significado de la “política”, de las “asambleas”, de la “riqueza”. Pero no pudieron quitarnos algo: las ganas de escucharnos a nosotros mismos, a quienes tenemos al lado, a la naturaleza.

Y claro que Podemos. Claro que Podemos “vivir mejor con menos”. Claro que la política tendrá que ser más local, que los productos que consumamos tendrán que venir de más cerca, que los ritmos tendrán que ser más pausados.

Y claro que es Ahora. Claro que es Ahora el momento de reflexionar de verdad, de repensarnos y de reevaluar nuestras prioridades individuales y colectivas para construir una sociedad más consciente, más cooperativa, más sostenible y más local.

Por Rubén Gutiérrez

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12 razones por las que estas Navidades no regalaré nada

1. Porque este año 2012 mi país ha batido el récord de gente desahuciada de su casa, porque impide cada vez a más gente estudiar por no poder pagarse una carrera, o tener salud por no poder pagarse un medicamento, y aun así, los que todavía podemos permitirnos una vida digna, algo que cada día se parece más a un privilegio, seguimos ensimismados leyendo catálogos de nuevos productos para decidir si la nueva tablet o el nuevo smartphone… Y mientras tanto resuena aquello de “primero vinieron por los comunistas, pero como yo no era comunista, no dije nada; luego vinieron por los judíos, pero como yo no era judío, no dije nada; luego vinieron por los sindicalistas, pero como yo no era sindicalista, no dije nada; luego vinieron por los católicos, pero como yo era protestante, no dije nada; ahora vienen a por mí, pero ya es demasiado tarde.”

2. Porque si hay algo que no soporto es el cinismo en el que nos obliga a caer un sistema que extrapola sus contradicciones a la conciencia de los individuos sobre los que se apoya para poder funcionar. Prefiero hacer un gesto de franqueza, honradez y coherencia entre mis ideas y mis actos, como hace poco hizo de forma ejemplar un joven chaval cuando rechazó un Ipod que le ofrecían tras haber ganado un concurso, precisamente, sobre el cambio climático. No se puede ser cristiano y a la vez pederasta. Tampoco ecologista y en el tiempo libre ir a los grandes templos del consumo, a los centros comerciales.

3. Porque quiero mucho muchísimo a mi madre y a mi padre, a mis tías y tíos, a mis abuelas y abuelos, amigas y amigos, a mi novia… pero siento que mi afecto hacia ellos no se puede medir en función de los precios de los regalos que les haga. Y porque una cosa es quererles, y otra muy diferente andar de centro comercial en centro comercial fundiéndome la tarjeta de crédito. Cada día les he dado algo de mí, ya sea mi tiempo, mi amor,… al menos lo que he podido. Y no creo que tenga que compensarles económicamente por lo que no les haya dado, pese a la elegancia social que el regalo ha adquirido. Y porque me pongo de muy muy mal humor al ver los armarios de mis primos pequeños llenos de juguetes que no usan. Me recuerda constantemente lo bien que este sistema hace su trabajo…

4. Porque Rajoy está deseando que hagamos nuestras compritas, a ver si damos algo de oxígeno a una economía que todavía se atraganta con los ladrillos. Y no me da la gana alimentar un sistema que condena a tres cuartas partes de la humanidad a la miseria. Las Navidades son funcionales para la perpetuación del sistema. Un sistema que está destruyendo el planeta Tierra entero, haciéndolo irrecuperable. El desarrollo sostenible era una patraña, un oxímoron. Si las Navidades no sirvieran para que los comercios vendieran desenfrenadamente, quizás ni existirían, al menos tal y como las conocemos.

5. Porque, mientras Alfon va a pasar las Navidades en prisión sin haber cometido ningún delito, solo por organizarse y movilizarse contra un sistema asesino además de obsoleto, Ángel Carromero, militante del PP, las pasará en libertad pese a haber sido el responsable de la muerte de dos personas al conducir de manera temeraria. ¿Y dónde dijeron que estaba la democracia…?

6. Porque, como no soy cristiano, estas fechas no significan nada para mí, mas que una excusa para tomarme un descanso junto a los míos. Y porque creo que el siglo XXI debe estar marcado por la construcción de una nueva ética, de nuevos valores sociales, sin recurrir a explicaciones míticas o sagradas, como hasta ahora veníamos haciendo. Porque “Dios ha muerto”. Y porque este año no “me he portado bien…”. No al menos como al Vaticano le hubiera gustado.

7. Porque el tiempo que se pasa con estrés y agobios haciendo las compras, quizás sería mejor pasarlo, bien con la gente a la que se le va a hacer el regalo, bien en cualquier otra cosa. Incluso haciendo con mis propias manos algún regalo, para que sea algo más que retirar un producto de una estantería de un comercio, pagarlo y entregarlo.

8. Porque el mensaje del rey es insultante. Porque habla de solidaridad, desde su mansión, cuando más de 23.000 españoles viven en las calles sin tener que echarse a la boca. Porque elogia una Transición que, por muy modélica que nos la vendan, es una de las causas principales de la situación de desesperación que vivimos. Y porque de la única confianza de la que habla es de la que tenemos que transmitir al capital extranjero (a Adelson y a otros amiguitos suyos de caza y negocios) para que inviertan en la patria.

9. Porque si la misma cantidad de gente que se moviliza con tanta euforia por las Navidades o por el fútbol se movilizara con la misma euforia cuando se va a privatizar un hospital o a desahuciar a una familia, hoy estaría escribiendo sobre cualquier otra cosa.

10. Porque estas Navidades se sortean puestos de trabajo por compras superiores a 8 euros y el “afortunado” ganador se llevará un contrato como administrativo a media jornada por seis meses, con un sueldo de apenas 500 euros. Ya está bien, ¿no? Que se están riendo de nosotros en nuestra puta cara.

11. Porque el mes pasado envié a mis padres un paquetito de Ferrero Rocher, que sé que les gustan mucho, y no porque la presión de toda una masa lléndose de compras me arrastrara hasta la puerta del Corte Inglés. Fue porque me dio la gana regalárselos.

12. Porque creo que otro mundo es posible. Porque creo que ese mundo está cada día más cerca. Porque hacer lo que todos hacen, no siempre es hacer lo correcto. Porque aunque salirse de este molino satánico (como lo denominaba Karl Polanyi) es dificil, a veces es posible. Porque estoy profundamente convencido de que es lo mejor que puedo hacer. Por el planeta. Por los desahuciados. Por los suicidados. Por Alfon. Por el chaval que rechazó el Ipod. Por los míos. Por mí. Por todos.

Por Rubén Gutiérrez.

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