Ruben Gutiérrez

La canción

Últimos instantes de pensar, de meditar. Lo justo para entender que la vida es un vuelo, un vuelo durante el cual uno no puede detenerse a juzgar ni planificar, que detenerse ahora significa caer. Un sentimiento de liberación te recorre por dentro. Aparta tus gafas para ver mejor. Contempla el mundo tal y como es. ¿Límites a la vista? Los que tu mente quiera imaginar. Tú has sido, eres y serás siempre el responsable de tí mismo.

Últimos instantes de pensar. De recordarte qué es eso de lo que huyes: de un destino, de un futuro que te produce pánico; de acabar, sin saber cómo ni porqué, en una casa cuyas paredes te devoran, de una vida autoimpuesta… de caer en el abismo. Se acabó. Desde ahora, solo vivir.

Ve, corre, y busca esa canción que te devolverá la energía que estás necesitando. Escucha cómo empieza a sonar. Siente como poco a poco esa fuerza te recorre por dentro, llenándote, como si hasta entonces hubieras sido solo un envoltorio vacío, un cuerpo al que le insuflan vida. Ahora, mientras vuelves a sentirte vivo, aprieta tu puño con fuerza. Estás conectado a tu Fuente: recárgate, disfruta intensamente. Y mantén tu puño cerrado. A él quedará ligado esa sensación.

Prométete que cuando te sientas perdido, cerrarás los ojos, apretarás tu puño, y en tu cabeza sonará esa canción, que te hará revivir, volver a alzar el vuelo.

Asume que envejecer solo es cuestión de decisión, así como vivir o morir.

Proponte que tras el punto y final de este texto, serás tú quien escriba el punto y comienzo diferente de tu vida.

Ahora… “escapa, que la vida se acaba, que los sueños se gastan, los minutos se marchan. Salta, que la calma te abraza, los momentos se pasan, y se te rompe el alma.”

Por Rubén Gutiérrez

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